CASO PUPIRO
¿Tiene sentido que la Iglesia católica y la población de La Concha, principalmente, estén pidiendo que se esclarezca el asesinato del padre Pupiro que la Policía dio por cerrado? Ya hay un asesino confeso. ¿No debería ser eso suficiente? ¿Deberíamos confiar en el profesionalismo de la Policía? No. Creo que la Policía todavía está debiendo muchas respuestas, y es mejor que aclare el crimen pronto antes que los hechos le salten en la cara y la dejen peor parada. Como sucedió en un caso similar hace más de 10 años.
ASESINATO DE 380
El 16 de febrero de 1991, Enrique Bermúdez conocido como Comandante 380, fue asesinado de dos balazos en la sien, por un sicario que se aproximó a él a las 9:30 de la noche, cuando montaba su camioneta a la salida del hotel Intercontinental. La investigación que realizó la Policía se parece mucho a la que actualmente presentan sobre el caso Pupiro. ¡Hay mil contradicciones! Los forenses nicaragüenses aseguraban que Bermúdez había muerto de un disparo hecho de izquierda a derecha y los testigos que interrogó la Policía corroboraron esa versión. Incluso se manejó la hipótesis de un francotirador que disparó desde una de las ventanas de hotel.
INVESTIGACIÓN ERRADA
La investigación sobre el caso Bermúdez hubiese quedado hasta ahí de no ser que el cuerpo fue exhumado siete meses después en Miami y se realizó una autopsia que botó toda la investigación policial nicaragüense. Los disparos que mataron a Bermúdez fueron dos y no uno, y se realizaron de derecha a izquierda y no al contrario. Y hasta se estableció el tipo de arma usada para asesinarlo: una Combloc de origen soviético, destinada especialmente para cometer asesinatos.
ENREDO DELIBERADO
El punto al que quiero llegar es que el expediente policial, el cual tuve en mis manos, la conclusiones de la comisión investigadora que nombró el gobierno de doña Violeta y los resultados de la autopsia realizada por el examinador médico del Condado de Dade, doctor Joseph H. Davis, determinaron que la Policía estaba más interesada en dirigir la investigación hacia rumbos inciertos que en hallar al culpable. No solo fue falta de pericia como se dijo. Hubo una deliberada intención de llevar la investigación a terreno falso. Y la mejor prueba de ello son los testigos que corroboraban todo lo que los peritos equivocadamente determinaban. Y que, a pesar de que se comprobó la falsedad de los testigos, ninguno de ellos fue acusado posteriormente por falso testimonio como correspondía.
¿Y LAS LLAMADAS?
Nunca se capturó al asesino de Bermúdez. Y nunca la Policía determinó o dio a conocer quién lo llamó esa noche a su casa, donde veía tranquilamente televisión, para que llegara al sitio donde los asesinaron. Igual en el caso Pupiro. No se sabe quién lo llamó a su celular esa noche y lo hizo salir apresuradamente hacia su muerte. Muchos piensan que en el origen de esas dos llamadas está la clave de ambos crímenes.
LA VERDAD
Sobre el caso Pupiro se ha establecido oficialmente que el móvil para su asesinato fue el robo. Extraoficialmente se han insinuado motivos pasionales y una vida díscola del sacerdote, conjeturas que quienes lo conocieron niegan rotundamente y las señalan como las excusas no oficiales que está usando la Policía para dejar tantos hoyos negros en este crimen. Pero la misma Iglesia y los familiares piden que se diga la verdad. Una verdad verosímil. Porque la verdad, sea cual sea, podría evitar otros asesinatos parecidos, como posiblemente se evitaron cuando los forenses norteamericanos se acercaron al asesino al determinar el arma y la forma en que fue ejecutado Bermúdez. Entonces, ¿habrá que esperar una investigación extranjera para saber qué sucedió con el padre Pupiro? La Policía debería demostrarnos que no.
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