Querida Nicaragua: Parece ser que esta gente del gobierno quiere permanecer en el poder contra viento y marea. Ha resultado cierta en la práctica la sentencia del nunca bien ponderado comandante Tomás Borge cuando repite: “aquí puede pasar cualquier cosa, menos que perdamos el poder. Pase lo que pase, digan lo que digan, hagamos lo que tengamos que hacer, el mayor costo que tenemos es la pérdida del poder. Habrá frente sandinista hoy, mañana y siempre”.
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Todos los pasos del orteguismo apuntan a esto. Su principal operador es el nefasto Consejo Supremo Electoral, el que hace lo que quiere, cambia los reglamentos y fechas a su antojo, impide la entrega de cédulas a los ciudadanos democráticos, reparte las mismas como cartas de naipe a sus correligionarios, sobre todo a jóvenes que muchas veces no han cumplido la edad reglamentaria para votar, enredan el padrón electoral haciendo que voten una cantidad de difuntos, impiden la observación electoral, a la que ahora llaman “acompañamiento”. Como una concesión, que al mismo tiempo les conviene, han tratado con especialidad a la Unión Europea, con la que firmaron un convenio que permite a esta observar el proceso electoral. Sin embargo, esta decisión la han tomado cuando faltan dos meses para la elección, y todos sabemos que los observadores necesitan permanecer en el país por los menos ocho meses antes de las elecciones, para examinar todo el proceso previo a las mismas.
El Centro Carter ha dicho que no vendrá si no le permiten observar de acuerdo con las normas internacionales. Y en cuanto a los observadores nacionales esto ha sido un permanente estira y encoje para anular a Ética y Transparencia y al IPADE.
El artículo publicado en LA PRENSA del viernes pasado, firmado por el licenciado José Esteban González no puede ser más clarificador, pues presenta un panorama real de lo que podría ocurrir en las elecciones, al tiempo que nos indica la denuncia que debemos hacer cuanto antes para que tengamos autoridad moral, digamos al mundo internacional, desde ahora, que aquí hay un candidato oficial ilegal e ilegítimo que ha usado y retorcido las leyes para lograr ser inscrito como tal y que el fraude que prepara el CSE, nos obliga desde ahora a demandar la urgente “aplicación de los artículos pertinentes de la Carta Democrática Interamericana”. Esta denuncia debe hacerse ya, sin perder un solo momento.
Es peligroso que cualquiera de los candidatos de papel, que han abundado en la historia nuestra, aparezca la noche de las elecciones reconociendo a Ortega como el ganador, a cambio de obtener el segundo lugar y ganar una diputación. Aquí puede ocurrir cualquier cosa.
Un gobierno que tiene dominados a todos los poderes del Estado, con ligerísimas excepciones, que cuenta con todos los recursos que le vienen de Venezuela y con todos los instrumentos del propio Estado nicaragüense, no tendrá mayor dificultad en “hacer lo que tenga que hacer” y aunque “digan lo que digan”, aferrarse al poder para conservarlo por largo tiempo.
Si ellos quieren ganar contra viento y marea, nosotros debemos luchar igualmente contra viento y marea, si no queremos volver a la noche oscura, que con tanto acierto calificó el recordado Juan Pablo II.
El autor es director general de Radio Corporación.
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