Las “muestras de apertura” del Consejo Supremo Electoral al acceder a firmar el memorando de entendimiento con la Unión Europea para la observación electoral no son más que la prueba de que ese grupo de personas que usurpan las magistraturas de ese poder del Estado manejan estas elecciones a su gusto y antojo, o mejor dicho, al gusto y antojo del compañero comandante pueblo capitalista presidente Daniel.
Si las cosas se manejaran aquí por la ley y no por los caprichos del mandamás entonces las decisiones serían parejas. Todos los observadores tendrían las mismas condiciones, pero este no ha sido el caso.
El hecho que la Unión Europea haya logrado doblar el brazo a los magistrados de facto, o mejor dicho al candidato inconstitucional, es motivo de celebración sin duda. Al menos habrá un órgano internacional independiente observando lo que ocurra el día de las votaciones y del escrutinio, sin embargo, no podemos esperar que eso sea suficiente. El llamado que hizo el Centro Carter tiene todo el sentido del mundo. Si la Unión Europea tiene esas facilidades, todos los demás observadores deben tenerlas, no es posible esperar que cualquier observador que se respete se limite a circular por las rutas que el Consejo Electoral le prepare y le tenga que pedir permiso al CSE, que ya se robó más de 40 elecciones municipales en el 2008, para sacar un informe de lo que ellos vieron.
El Centro Carter está diciendo que si no va a haber un trato igualitario para todos pues mejor ni vienen, porque no es que lo que exigió la Unión Europea y lo que exige el Centro Carter sea algo sacado de la manga (como sí es el reglamento de Acompañamiento que sacaron los magistrados ilegales). Lo que pide el Centro Carter —y lo que exigió la UE— está plasmado en los Principios de Observación Electoral Internacional desde el año 2005.
Pero bueno, allá Ortega y sus empleados del Consejo Electoral si no quieren que estas elecciones sean ampliamente observadas. Indudablemente que al menos para un gobierno del Partido Demócrata en Estados Unidos va a ser de mucha importancia que el Centro Carter no haya sentido que se dieran las condiciones necesarias para hacer una observación efectiva.
Pero tampoco crean los señores que actualmente hacen aquí lo que se les viene en gana que solo porque la Unión Europea va a observar la elección ésta tiene legitimidad.
El mismo artículo 11 de los Principios de Observación deja claro: “La decisión que adopte cualquier organización de organizar una misión internacional de observación de elecciones o de explorar la posibilidad de organizar una misión de observación no implica que dicha organización estime necesariamente que el proceso electoral del país que celebra las elecciones sea creíble”.
Y uno de los requisitos para que la elección sea un poco más creíble es, ya lo han dicho la UE y todos los demás, que participen en igualdad de condiciones los observadores nacionales.
Así que aún con todas las irregularidades que ha tenido este proceso electoral —desde magistrados ilegales, un candidato inconstitucional, entrega de cédulas parcializada, un padrón inflado y un largo etcétera—, al menos el mundo quiere ver cómo en realidad van a votar los nicaragüenses y para eso las condiciones de observación deben ser mínimas o la posible victoria del orteguismo no gozará de legitimidad alguna.
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