Elena Pedroni

Para los celtas, el espiral no tiene principio ni fin, representa un continuo cambio evolutivo que simboliza vida eterna. Dentro del alma de Elena significa evolución, crecimiento, desarrollo… La evolución que como ser humano ella ha vivido, el crecimiento que anhela y el desarrollo que persigue.

Por Fátima Arellano. Fotos de Alfredo Zúniga.

Para los celtas, el espiral no tiene principio ni fin, representa un continuo cambio evolutivo que simboliza vida eterna. Dentro del alma de Elena significa evolución, crecimiento, desarrollo… La evolución que como ser humano ella ha vivido, el crecimiento que anhela y el desarrollo que persigue.

No es una chica común, ni en pensamientos ni en hechos, y talvez por eso encaja a la perfección como vocalista de Espiral, una banda musical caracterizada por mezclar en sus canciones pop, electrónica, rock y funk, todo cuanto sus integrantes consideren idóneo para expresar y transmitir sus sentimientos. La regla de oro es no limitarse, sino vivir. Vivir en búsqueda de esa perfección que frustra, obsesiona, envicia y apasionada. Vivir para marcar la diferencia y ser ejemplo de que se puede contribuir a formar una sociedad mejor.

“Nuestras canciones llevan un mensaje social. Entre todos escribimos y musicalizamos. Mi estilo es más de blues, también un poco de pop. Soy la voz femenina del grupo, la que le ha aportado un poco más de suavidad a la banda”, expresa Elena, quien recuerda que desde niña le gusta el canto, ya que organizaba shows de talentos y cobraba cinco córdobas para que su familia la escuchara. Gracias a su ímpetu recibió todo el apoyo que necesitaba asistiendo primeramente a clases de piano, luego de canto y baile y posteriormente de actuación.

“Por 10 años estudié piano, lo cual me ayudó a agudizar todo el oído que tengo y a educarme musicalmente. El piano para mí es el portal que me permite expresarme sin hablar. Exteriorizo todo lo que siento, al igual que cuando escribo, pero me juzgo tanto que prefiero tocar en lugar de escribir, porque no necesito explicar nada, sólo me desbordo y me libero”.

Su voz y sus manos tiemblan, podría significar nerviosismo, y sí, talvez un poco, pero lo que denota es aún mayor: inseguridad. Elena está llena de contradicciones, su mundo es un mar de medias tempestades, tal como ella misma lo admite. Es consciente de su ternura, sencillez y espontaneidad, características que aprecia de sí misma, pero que procura proteger para no sufrir. “He vivido muchas experiencias dolorosas que me han marcado como persona, pero gracias a ellas hoy soy más fuerte y madura.

De todo procuro obtener una lección y la principal ha sido no dejarme guiar de primeras impresiones porque uno nunca termina de conocer a las personas”. Se aburre y frustra con facilidad. Por eso, ni hace planes que la puedan decepcionar, ni se aferra a nada que la lleve a la monotonía. “Soy muy ecléctica y ambigua. Me gustan demasiadas cosas como para encasillarme en una sola. Soy terrible haciendo planes, porque cuando no los cumplo me enojo. Me gusta que las cosas se vayan dando, pues siento que lo que no se obliga surge mejor”.
Por amor al arte
Elena actualmente cursa cuarto año de Derecho, carrera que estudia únicamente para cumplir un requisito social, ya que no piensa ejercerla. “Quise estudiar Psicología Forense para satisfacer la parte morbo de mi mente. Me gusta porque se profundiza en la mente de las personas. Es evaluar los comportamientos atípicos de los reos o criminales, por ejemplo. Mis padres saben que jamás ejerceré la carrera que estudio y me apoyan porque lo que más desean es mi felicidad”.

No le interesa la fama ni el dinero. Su mayor anhelo es vivir del arte, así implique muchos sacrificios. No quiere más oficina que la calle, ni más vestimenta que su música. “No me interesa hacer mucho dinero. Sólo quiero tener lo suficiente para poder vivir. Quiero enfocarme por completo al teatro, canto y poesía, Siento que nací para hacer lo que me gusta, y lo estoy haciendo”.

A los 17 años alistó sus maletas y se aventuró a estudiar actuación en Nueva York por seis meses. Saber que no tenía a nadie que la esperara allá fue todo el impulso que necesitó para arriesgarse a vivir toda esa adrenalina. “Siempre he anhelado independencia. Lo quería, era mi sueño. Me fui un cinco de julio completamente a la deriva, hasta que llegué busqué dónde alojarme por los seis meses. La experiencia fue completamente fascinante, aprendí mucho, conocí a muchas personas e hice amistades”.

Ejecutando el piano, Elena se ha presentado dos veces en la Sala de los Cristales y una vez en la Sala Mayor del Teatro Nacional Rubén Darío, y  por medio de la Escuela Nacional de Teatro Pilar Aguirre ha interpretado algunos papeles protagónicos que la llenan de mucho gozo. “Me siento plena porque he podido llegar hasta donde he deseado. He demostrado que puedo hacer lo que deseo en el lugar que más orgullo representa para mí”.
También forma parte de Epifanía, un grupo de poesía y teatro que próximamente mezclará danza con poesía en sus actuaciones. “No somos un grupo establecido como tal, pero sí trabajamos juntos y hacemos lo que más nos gusta. Nos presentamos donde nos inviten. Escribir y actuar nos libera, nos permite ser más nosotros mismos”.

Espiral no cuenta con un CD, pero está en proceso. Tienen dos canciones que están sonando en la radio: “Ni te viene ni te va” y “Antes y después”, grabadas en el estudio de Revuelta Sonora. De todas las canciones que Elena ha escrito junto con Sergio Brown, “Seducción” es su favorita porque asegura que le encanta la sensación que emana. “En ningún momento la canción menciona la palabra seducción. La titulamos así por todo lo que nos hace sentir, porque para nosotros el contenido es muy especial”.

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