Creación, evolución y vida eterna, palabras aparentemente sencillas pero de gran magnitud para los celtas, quienes veían en el espiral la posibilidad de un continuo cambio. Así como para ellos este símbolo era muy importante, también lo es para cada uno de los cinco integrantes que conforman la banda musical Espiral. Entre ellos está Elena, la única mujer del grupo. Ella cree en el desarrollo y crecimiento interno del ser humano. Su vida es como el espiral, no tiene principio ni fin, está en constante evolución, y lo que más anhela es entrar en la psiquis de las personas para alimentar su “morbo”.
El piano y ella son uno solo. Ha sido testigo inmortal de sus frustraciones y temores, así como de sus triunfos, derrotas, alegrías y tristezas. A través de cada nota musical expresa lo que con palabras se prohíbe. El piano es su brújula, su refugio, su amigo, su cómplice, su yo interno.
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