PADRE PUPIRO
El caso del padre Pupiro está más enredado que un pleito de lombrices. Desde que la policía comienza esconder las cosas uno empieza a pensar que hay gato encerrado. Y luego sale una “versión oficial” que no resiste la menor interpretación lógica. En qué cabeza cabe que si alguien se quiere robar una camioneta 1) lo va a hacer desde su centro de trabajo donde todo mundo lo ve irse en ella; 2) tenga que matar al dueño que ni siquiera opone resistencia; 3) ande paseando el cadáver por todo Managua y sus alrededores y 4) el asesino vaya marcando su ruta como si su interés en la vida fuese hacerle publicidad al crimen que cometió. Obviamente estamos esperando la segunda “versión oficial” de la policía, que ojalá esta vez sea la verdadera y definitiva. Toque a quien toque.
SIN RESPUESTAS
Algo tiene que ver esto con que nos estamos acostumbrando a vivir en un país donde los funcionarios asumen como normal no contestar las preguntas que les hacen los ciudadanos que les pagan el salario. Si el propio presidente de la República se limita monologar, sin entrevistas y sin conferencias, sin que nadie pueda hacerle notar lo descabellado de sus diatribas, ¿por qué no lo va a hacer un funcionario de segunda o el de tercera o cuarta? Así es porque así es. Y punto. La Guardia lee como quiera.
YO QUIERO
Yo solo aspiro a vivir en una sociedad donde se respeten las leyes, donde las autoridades se elijan por votos en elecciones limpias y transparentes, donde uno pueda pensar diferente sin que se le considere “enemigo”, donde los funcionarios se vayan a su casa cuando terminen el período para el que fueron electos y no se hagan gatos bravos, donde no se haga propaganda partidaria en las instituciones del Estado, mucho menos en colegios, y donde no tenga que seguir la consigna de ningún partido para tener derechos. ¿Eso me hace de derecha?
CERTEZAS
Hace poco preguntaba en esta columna que ¿por qué si ya están seguros de tener las elecciones ganadas, cada día inventan una nueva marrulla para robárselas? Entre todas las respuestas que recibí, la que más me gustó decía más o menos así: “Porque si la gente empieza sentir que con su voto puede darle vuelta a la tortilla, Daniel Ortega perderá la seguridad que tiene actualmente, seguridad que nace precisamente de que si no puede ganar por las buenas, ganará de todos modos por las malas”.
HOMBRE, PASTORA
Qué raro. El sueco Peter Torbiörnsson devela 27 años después los cerebros que estuvieron tras el atentado de La Penca donde murieron siete personas al estallar una bomba que pretendía asesinar a Edén Pastora. Sin embargo, en lugar de agradecerle al sueco por su valentía y por acercarse a una verdad que él debería ser el primero en exigir, Pastora reacciona enojado. No acusa a quienes quisieron matarlo, sino que la emprende contra el pobre sueco que más bien debería ser su aliado si de verdad quisiera llevar a los asesinos a los tribunales. Pero ya no hay lugar para extrañarse con estos sinsentidos. Menos con Edén Pastora.
PREMIO GADAFI
Viendo el rostro quemado de la etiope Shweyga Mullah, a quien la familia Gadafi bañó con agua hirviendo, me preguntó ¿en qué parte de su casa tendrá Daniel Ortega el Premio de Derechos Humanos Muammar Al-Gaddafi que recibió en 2009? Probablemente tirado en un rincón porque el único valor que puede tener ese premio son los 250 mil dólares que le acompañan. Sin los dólares solo queda el color, y ese ni Ortega, ni Fidel Castro (que también lo recibió) lo quieren en este momento.
El caso del padre Pupiro está más enredado que un pleito de lombrices. Desde que la policía comienza esconder las cosas uno empieza a pensar que hay gato encerrado. Y luego sale una “versión oficial” que no resiste la menor interpretación lógica. En qué cabeza cabe que si alguien se quiere robar una camioneta 1) lo va a hacer desde su centro de trabajo donde todo mundo lo ve irse en ella; 2) tenga que matar al dueño que ni siquiera opone resistencia; 3) ande paseando el cadáver por todo Managua y sus alrededores y 4) el asesino vaya marcando su ruta como si su interés en la vida fuese hacerle publicidad al crimen que cometió. Obviamente estamos esperando la segunda “versión oficial” de la policía, que ojalá esta vez sea la verdadera y definitiva. Toque a quien toque.
SIN RESPUESTAS
Algo tiene que ver esto con que nos estamos acostumbrando a vivir en un país donde los funcionarios asumen como normal no contestar las preguntas que les hacen los ciudadanos que les pagan el salario. Si el propio presidente de la República se limita monologar, sin entrevistas y sin conferencias, sin que nadie pueda hacerle notar lo descabellado de sus diatribas, ¿por qué no lo va a hacer un funcionario de segunda o el de tercera o cuarta? Así es porque así es. Y punto. La Guardia lee como quiera.
YO QUIERO
Yo solo aspiro a vivir en una sociedad donde se respeten las leyes, donde las autoridades se elijan por votos en elecciones limpias y transparentes, donde uno pueda pensar diferente sin que se le considere “enemigo”, donde los funcionarios se vayan a su casa cuando terminen el período para el que fueron electos y no se hagan gatos bravos, donde no se haga propaganda partidaria en las instituciones del Estado, mucho menos en colegios, y donde no tenga que seguir la consigna de ningún partido para tener derechos. ¿Eso me hace de derecha?
CERTEZAS
Hace poco preguntaba en esta columna que ¿por qué si ya están seguros de tener las elecciones ganadas, cada día inventan una nueva marrulla para robárselas? Entre todas las respuestas que recibí, la que más me gustó decía más o menos así: “Porque si la gente empieza sentir que con su voto puede darle vuelta a la tortilla, Daniel Ortega perderá la seguridad que tiene actualmente, seguridad que nace precisamente de que si no puede ganar por las buenas, ganará de todos modos por las malas”.
HOMBRE, PASTORA
Qué raro. El sueco Peter Torbiörnsson devela 27 años después los cerebros que estuvieron tras el atentado de La Penca donde murieron siete personas al estallar una bomba que pretendía asesinar a Edén Pastora. Sin embargo, en lugar de agradecerle al sueco por su valentía y por acercarse a una verdad que él debería ser el primero en exigir, Pastora reacciona enojado. No acusa a quienes quisieron matarlo, sino que la emprende contra el pobre sueco que más bien debería ser su aliado si de verdad quisiera llevar a los asesinos a los tribunales. Pero ya no hay lugar para extrañarse con estos sinsentidos. Menos con Edén Pastora.
PREMIO GADAFI
Viendo el rostro quemado de la etiope Shweyga Mullah, a quien la familia Gadafi bañó con agua hirviendo, me preguntó ¿en qué parte de su casa tendrá Daniel Ortega el Premio de Derechos Humanos Muammar Al-Gaddafi que recibió en 2009? Probablemente tirado en un rincón porque el único valor que puede tener ese premio son los 250 mil dólares que le acompañan. Sin los dólares solo queda el color, y ese ni Ortega, ni Fidel Castro (que también lo recibió) lo quieren en este momento.