“Desgraciadamente la ley y el derecho ya están bastante pisoteados en Nicaragua por algunos grupos de poder; vamos a exigir justicia”. Esta expresión del obispo auxiliar de Managua, Silvio Báez, resume de forma puntual el sentimiento de muchos nicaragüenses sobre la infame administración de justicia y la desprestigiada actitud partidaria de la Policía, que dejó de ser Nacional, para convertirse en una institución gendarme de un caudillo.
Ambas instituciones, el Poder Judicial y la Policía están pagando el mal gobierno de quienes las dirigen con actitudes perversas para quedar bien con los que gobiernan con las clásicas características de tiranos que no respetan la institucionalidad, el Estado de Derecho y la democracia.
Algunos ciberlectores de LA PRENSA opinan todo lo contrario a quienes están indignados por la versión policial sobre las investigaciones del atroz crimen contra el sacerdote Marlon Pupiro García.
Antonio (un ciberlector) dice: “Quiero saber ¿Cuál es la verdad que quiere escuchar esta gente de La Concha y sobre todo la Iglesia? No entiendo hasta dónde quieren llegar, qué quieren escuchar. Insinuaron que el motivo era pasional, malo; ahora el móvil fue el robo, también malo. ¿Qué HP quieren que les diga la Policía para que todo vuelva a la normalidad? La Iglesia incita a la violencia al mandar a la población ‘a investigar o buscar pruebas’. ¿Por qué no se quitan sus sotanas y levantan sus piececitos y van ellos mismos?”
Celebro planteamientos como el de Antonio, porque a partir de opiniones como estas es que se amplían más las dudas sobre el actuar de la Policía. Desde que sus mandos empezaron a explicar los hallazgos, han incurrido en una prolongada serie de inconsistencias que también han arrastrado a dos forenses del Instituto de Medicina Legal, a expresar cosas distintas. Y lo peor, dicen que no se pudo hacer ninguna prueba toxicológica por el avanzado estado de descomposición del cadáver. ¿Con tanta tecnología y conocimientos científicos modernos, los forenses pretenden que su dicho sea verdad absoluta?
Volviendo al planteamiento de Antonio, lo que los familiares del sacerdote Pupiro, la feligresía católica y los nicaragüenses en general queremos, es simplemente que se diga la verdad, no ocultar nada, no proteger a nadie ni acomodar los hallazgos. Si la víctima fuera un familiar nuestro, seguro exigiríamos lo mismo: la verdad.
Como dice Antonio, al inicio del caso, hubo quienes insinuaron que el móvil pudo estar relacionado a aspectos sexuales. Si eso fuera así, por qué la Policía no lo demostró científicamente y punto. Las autoridades insisten en hacer aparecer a Pupiro como que éste salió de una actividad religiosa y se fue a beber guaro. ¿Realmente no hay nadie más implicado en este crimen? ¿No están protegiendo a nadie? ¿No hay arma de fuego de por medio?
Los católicos no pretenden incitar a la violencia como lo hacen los enemigos de la ley y el orden en Nicaragua, ni sustituir en su trabajo a la Policía, pero sí están atentos a lo que hacen o dejan de hacer las autoridades. Nadie se cierra a lo que surja del caso, lo único que se quiere es la verdad. Cuando el dolor y la tragedia tocan a nuestras puertas, es hasta entonces que nos ponemos en el lugar de los que han pasado por lo mismo. Es el momento de la unidad, la solidaridad y de conocer la verdad, cual sea.
La Iglesia católica ha sido asediada últimamente por los hijos del mal, quienes han atacado a los obispos y sacerdotes. Roguemos por que Dios nos proteja de la gente con mentes criminales con la esperanza que algún día se acaben.
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