Querida Nicaragua: Los camaradas siempre han combatido lo que llaman “amiguismo”. Quien sabe porqué lo hacen ya que ellos entre sí son amiguísimos, cuando se trata de dar trámite rápido a cualquier gestión. Pero para el que no es camarada, como el suscrito, resulta difícil hablar con un funcionario público de importancia.
En tiempos de la democracia, inclusive el Ejército y la Policía eran abordables y si ocurría algún percance y se les pedía tratar con cierta consideración a algún pariente detenido momentáneamente, gustosamente lo hacían.
Los ministros de antes, en los gobiernos democráticos, con algunas excepciones, siempre eran cordiales con amigos que tenían algún trámite pendiente.
En los ministerios, en los entes autónomos, en las alcaldías donde siempre hay lentitudes, en las aduanas donde los trámite son complicados, en la Dirección de Ingresos, etcétera, ocurría lo mismo. Uno se iba y era recibido por algún funcionario que le facilitaba el trámite requerido.
No ocurre lo mismo en los gobiernos de izquierda radical. Tal parece que los funcionarios tienen la orden expresa, de no atender a aquellos que en alguna forma no piensan como los gobernantes. Aquí es muy difícil hablar con un ministro. Usted llama por teléfono y ni en broma se lo ponen, envía un correo electrónico, si tiene la suerte de conocer su correo, y no recibirá respuesta. Envía un telegrama y no espere contestación. Con gobiernos como estos es mejor practicar la virtud de la paciencia que engrandece al hombre y le ayuda a forjar su carácter, pues evita los momentos de ira tan frecuentes cuando uno se siente maltratado, ofendido o “ninguneado” como se dice popularmente.
Según dicen la aduana de Managua es uno de los sitios de mayor trabajo para los clientes que tienen que sacar mercancías del extranjero. La burocracia ahí es exagerada, hay tortuguismo, parece que todo lo retrasan sin razón alguna, por molestar al público o tal vez por alguna otra razón que desconocemos.
Para no amargarse la vida en circunstancias como estas, es mucho mejor practicar la virtud de la paciencia. Esperar con paciencia a que los funcionarios se cansen de retrasar documentos, de pedir boletas, de solicitar solvencias, de pedir partidas de nacimiento, de pedir copias de las cédulas de identidad y de cuanto papel se les ocurra pedir. Hay que hacerlo todo con paciencia, usando esta virtud que engrandece el alma y evita que nos alteremos por insignificancias que al fin y al cabo no valen la pena.
Nosotros somos los culpables de tener gobiernos como este, de tener funcionarios como estos. Muchos dieron su voto, otros se negaron a votar y por eso perdió la democracia, otros se negaron a unirse por puro capricho político y por eso perdió la democracia y ganó la dictadura.
Por más que habíamos escuchado la parábola de la víbora, la misma que estamos escuchando ahora frecuentemente en la Corporación, fue imposible que entendiéramos. El famoso 35 por ciento y la división hicieron que perdiera la democracia y que ganara la izquierda radical.
De modo que ahora tengamos paciencia la paciencia es una virtud que nos aquieta el ánimo, que sosiega el espíritu. Paciencia, que pronto terminará el suplicio. El autor es director general de Radio Corporación.
Hay que hacerlo todo con paciencia, usando esta virtud que engrandece el alma y evita que nos alteremos por insignificancias que al fin y al cabo no valen la pena. La paciencia es una virtud que nos aquieta el ánimo y nos sosiega el espíritu.
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