Querida Nicaragua: Muchos son los analistas que hablan de la política y de los políticos. Algunos con conocimiento de causa, con erudición y sentido común, otros hablan al peso de la lengua y quieren imponer sus criterios sin tener autoridad para ello pues no mueven un dedo para poner en práctica lo que predican.
En cuanto a los protagonistas políticos y sus adláteres esos no hacen comentarios, sino que ofenden a su contrincante.
Seguramente yo, como candidato, tengo muchos defectos y algunas virtudes. Pero estoy seguro que estas últimas pesan algo más que mis defectos. Es por eso que cuando alguien me comenta todo lo que oye de ofensas para mi persona, lo primero que hago es preguntarles el nombre de la persona o del aspirante político que se expresó mal de mí. Generalmente, no me da ni frío ni calor, porque ninguno de ellos tiene autoridad moral para atacarme.
Cuando dicen que yo soy viejo me están haciendo el honor de decirme que no me encuentran ningún defecto. Y ser viejo no es defecto. Por el contrario, es una virtud. Cuando me dicen que solo sé contar cuentos, igualmente me están haciendo un elogio, porque difícilmente se encuentra a alguien que haya escrito alrededor de once mil cuentos regionales y que haya recibido miles y miles de cartas de sus oyentes.
Por mi parte, no me ocupo de mis contrincantes. Yo no tengo enemigos, sino adversarios. Y no me ocupo de ellos, porque tengo asuntos más interesantes de qué hablar.
Por ejemplo, en lugar de hablar mal de los adversarios, es más hermoso presentar un plan serio de educación, una renovación educacional que cambie radicalmente la vida del nicaragüense.
Sabido es y así lo demuestran países como Taiwán y como Singapur que solo a través de la educación se sale de la pobreza. Por lo tanto, un programa de educación serio, a largo plazo, que incluya enseñanzas científicas y tecnológicas terminará con la pobreza en Nicaragua. Y eso es lo que yo quiero dejar a las generaciones futuras.
Naturalmente que hoy, en el corto plazo, es decir, ahora, hay que combatir también la pobreza generando empleos para todos, propiciando inversiones nacionales y extranjeras, facilitando la proliferación de negocios. Por otra parte, prefiero hablar de componer el sistema de salud, de manera que haya hospitales bien atendidos, donde se le haga buena cara a la gente pobre, donde se le trate como gente, donde haya médicos bien pagados que no arruguen el ceño cuando atienden a la gente y que al recetar las medicinas, el mismo hospital esté bien dotado de ellas, para no seguirle dando a la gente pobre las consabidas pastillas de acetaminofén que quitan el dolor momentáneamente.
Prefiero hablar de recomponer el seguro Social y que los ancianitos no sigan sufriendo sin recibir sus pensiones. Prefiero hablar de la juventud y ofrecerle que en cada barrio haya campos para jugar beisbol, canchas para básquetbol y para futbol, en fin fomentar el deporte que aleja a la juventud de los vicios, de las drogas, de la vagancia y los convierte en ciudadanos útiles a la sociedad. No hablo mal de nadie. Solo quiero una nueva Nicaragua. Eso es todo.
El autor es director general de Radio Corporación
Ver en la versión impresa las páginas: 9 A