Valeska Gómez. Foto de La Prensa/ Guillermo Flores

Valeska Gómez: “Si volviera a nacer, vuelvo a ser bombera”

Su historia comenzó a los 13 años de edad, el día que ingresó a las filas del Benemérito Cuerpo de Bomberos de Managua. Hoy Valeska Gómez está casada, tiene un hijo y casi ha culminado la carrera de Ciencias de la Comunicación. Quiere ser periodista. Pero no abandona el trabajo que la hace sentir heroína y “Gatúbela”.

Por Amalia del Cid.- Su historia comenzó a los 13 años de edad, el día que ingresó a las filas del Benemérito Cuerpo de Bomberos de Managua. Hoy Valeska Gómez está casada, tiene un hijo y casi ha culminado la carrera de Ciencias de la Comunicación. Quiere ser periodista. Pero no abandona el trabajo que la hace sentir heroína y “Gatúbela”.

Además de incendios, inundaciones y otras emergencias ha enfrentando ciertas dificultades en ese oficio dominado por hombres, desde desobediencia hasta piropos fuera de lugar. No se amedrenta. La cabo primera está hecha de 129 libras de determinación y un metro con 65 centímetros de valentía.

::: ¿Por qué bombera?

Porque me gusta ayudar a las personas. Es una forma de amar al prójimo. Además, quería aprender a nadar (ríe).

::: ¿Ya aprendiste?

(Ríe) No. Me interesé por otras cosas. Soy técnico en primeros auxilios avanzados y atención médica.

::: ¿Cómo te va trabajando en un medio donde los hombres son mayoría?

Es difícil. Mujeres bomberas hay muy pocas. Y se requiere esfuerzo físico. Pero hay que ser ágil, si en las emergencias me sale un gordito, le doy trabajo a los mirones.

::: ¿Qué tal tus compañeros?

Siempre hay machismo. A veces ando de líder, jefa de unidad y los varones se resisten a que les dé órdenes una mujer.

::: ¿Te enamoran?

Al comienzo sí, bastante (ríe). Pero el hombre llega hasta donde la mujer lo deja.

::: ¿Y cuando estás trabajando?

Si tengo puesto mi equipo, nadie sabe si soy hombre o mujer (ríe). La gente se asombra hasta que me escuchan gritar y notan que hay una voz de mujer.

::: El tuyo es un trabajo de adrenalina.

Me emociono con solo hablar de los Bomberos.

::: ¿Una experiencia que te haya marcado?

Fue un accidente de tránsito, un 7 de diciembre. Una moto atropelló a una mamá con su hija. La niña, de nueve meses, falleció, pero nunca soltó de su manito una bolsa de dulces de las que dan en La Gritería. Estuve dos semanas sin dormir.

::: Pero también hay experiencias bonitas…

Bastantes. La paga de ser bombero es la satisfacción de poder ayudar a otros y salvar vidas.

::: Contame una.

En las fiestas de Santo Domingo un niño de 6 o 7 años tuvo un paro respiratorio. Al parecer fueron los nervios, porque se encendieron los cohetes que andaba en una mochila. Nadie quería tocarlo.

::: ¿Y qué pasó?

Pasé alrededor de 30 minutos dándole respiración boca a boca. Pensé que hasta ahí nomás, pero él tenía pulso. Y logré restablecerlo. Abrió los ojos…

::: ¿Cómo te sentiste?

Me sentí héroe, Supermán, Gatúbela (ríe). Yo quisiera que todos sintieran lo que es ayudar a una persona.

::: ¿Qué estás haciendo por tu causa?

Trato de transmitir mis conocimientos a cualquier persona. Llego a la universidad y digo: “Mirá, querés que te enseñe Ovace”.

::: ¿Qué es eso?

Es la obstrucción de las vías aéreas por un cuerpo extraño, la persona se atraganta con lo que sea, con un pedazo de carne o un grano de arroz. Y vos podés ayudar sin necesidad de ser bombero.

::: ¿Son héroes los bomberos?

¡Claro que sí! Somos héroes… mal pagados, pero bueno (carcajada).

::: ¿Has estado en peligro?

Ya me ha pasado. Me he tenido que hacer pruebas de VIH, porque estamos en contacto con sangre y fluidos.

::: Peligroso.

Hace poco a un muchacho con VIH lo canalicé en la ambulancia, no había luz y me pinché un dedo con la aguja… Pasé dos meses con miedo y dudas, ¿será o no será?

::: Pero, ¿pensás seguir en los Bomberos?

Amo ser bombera. Y si volviera a nacer, volvería a ser bombera. Esto es mi vida. Dios, mi hijo y los Bomberos.

::: ¿Qué otros planes tenés?

Todavía estoy buscando quién me enseñe a nadar (ríe).

La Prensa Domingo

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