Querida Nicaragua: Leí con sumo interés el artículo de la estimable dama Nidia Walesca Martínez Areas (LA PRENSA, julio 15). Precisamente el caricaturista Manuel Guillén ha ido contando los días que le faltan a don Daniel y expresa “a menos que los inútiles de la oposición y nuestra indiferencia permitamos otra dictadura”. Yo soy de los “inútiles” que estamos arriesgándolo todo para enfrentarnos a esta dictadura. Lo tristísimo es que haya gente indiferente que no sepa qué hacer con su voto.
Yo sé que hay muchos indecisos y los demócratas contamos con los votos de ellos para poder ganar la elección. Que se la pueden robar es otra historia y otra lucha futura, pero por ahora hay que votar por la democracia.
Estimada señora: permítame decirle que muchas grandes hazañas de la historia han comenzado con un sueño que se hizo realidad. Nosotros nos esforzamos para convertir a Nicaragua en un país digno y libre. Lo que yo deseo como gobernante es lo que todos deseamos, reducir el número de diputados, transformar el Consejo Electoral en un Tribunal apartidista, prohibir la reelección presidencial de por vida, elegir diputados por suscripción popular, acabar con prebendas y salarios exagerados para usar ese dinero en fortalecer la salud y la educación. ¿Quién que sea demócrata en Nicaragua no quiere esos cambios que necesitamos? Para mí esto no es irreal. Estamos trabajando junto con miles de nicaragüenses que quieren ese cambio y eso me llena de optimismo y de fe porque sabido es que los malos triunfan donde los buenos no hacen algo, son indiferentes.
Sobre la pregunta que me hace alrededor de la boleta de diputados que lleva la alianza PLI, le puedo decir que revise uno a uno los nombres. Por supuesto que nadie es moneda de oro para caerle bien a todo el mundo, pero examinando la personalidad y la trayectoria con objetividad se pueden sacar conclusiones. Tengamos presente que no somos ángeles del cielo, somos simplemente hombres y mujeres con virtudes y defectos, pero con mucha buena voluntad.
Puedo asegurarle que ninguno de nuestros diputados venderá su voto ni convertirá la Asamblea en un tiangue como lo han hecho otros. Puedo asegurarle un gobierno que respetará la Constitución y las leyes y que no vivirá en eterno enfrentamiento como lo han hecho otros. Un gobierno que use la persuasión y no el enfrentamiento inútil. Un gobierno con un presidente honrado que escogerá ministros y funcionarios honrados y que informará semanalmente a su pueblo a través de los medios de comunicación. Puedo asegurarle que al llegar al poder daré conferencias de prensa regularmente y aceptaré las preguntas de todos y todas las periodistas sin temor alguno, porque los presidentes honrados no tienen por qué huirle a los medios de comunicación.
Todo esto puede ser un sueño, pero también puede ser una realidad. Ya es hora de que Nicaragua tenga un presidente que sienta compasión por su pueblo. Yo pretendo, con la ayuda de Dios, ser ese presidente que Nicaragua espera desde hace largo rato.
Señora mía: lo que usted debe hacer con su voto es votar por la democracia. No votar, es entregarle su voto al orteguismo.
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