Fotos de La Prensa/ Germán Miranda/ Cortesía
A 32 años del triunfo de la revolución popular sandinista y en un contexto nacional que no habla de guerra, las canciones que escribió Carlos Mejía Godoy y que inspiraron a miles de guerrilleros resuenan en pueblos, barrios y hogares nicaragüenses. La Consigna , Comandante Carlos Fonseca y otras tantas composiciones que continúan removiendo sentimientos patrióticos, incluso en jóvenes que apenas tienen una abstracta idea de lo que fue la insurrección nacional.
Esas palabras “poseídas por el dios de la furia y el demonio de la ternura” no pasan de moda. En los años 70 y 80 fueron cruciales; pero hoy día… ¿qué significan? Domingo conversó con Carlos Mejía Godoy, autor de buena parte de las canciones revolucionarias más emblemáticas, para conocer su versión acerca de la revolución que se convirtió en mito y las historias tras los cantos que se volvieron leyenda.
::: ¿Se arrepiente de alguna de las canciones revolucionarias que compuso?
Ni Luis Enrique (Mejía Godoy) ni yo tenemos una sola canción de la que nos sintamos avergonzados. Hicimos canciones para los mártires. Eran para el “Danto”, para Carlos Fonseca, Ricardo Morales, Arlen Siu… los mártires que dieron lo que tenían que dar. No nos tenemos que autocensurar. Las canciones responden a un momento histórico y las cantamos con el mismo entusiasmo con el que fueron compuestas.
::: ¿De dónde nacieron?
No hicimos nuestras canciones metidos en un torre de marfil, las hicimos al filo de los sucesos. La gente piensa que todo lo hace uno, pero vos te inspirás en el trabajo de otros (…). Cuántas canciones hemos hecho en base a una anécdota de un obrero, de un campesino y el hombre se va y es capaz de oír la canción y no sabe que la inspiró una frase de él. Al pueblo me debo. Uno es la arcilla, el pueblo es el alfarero.
:::¿Y en qué momento aparecen sus canciones revolucionarias?
A partir del terremoto del 72 yo todavía no tengo ningún contacto con el Frente Sandinista, pero soy un simpatizante. ¿Cómo no voy a simpatizar con Leonel Rugama? ¿Cómo no me va a atraer el ejemplo heroico de estos muchachos que ofrendaron su vida a los 20, como Leonel, 22, 25 años de edad por una Nicaragua mejor? Eso me impactó muchísimo y dije yo: Hombre, ya que no soy capaz de agarrar un fusil, voy a poner mis canciones al servicio de la liberación de Nicaragua.
::: ¿Así comienza a componer?
Así comienzo a hacer mis primeras canciones clandestinas. Fui mezclando lo pintoresco, lo pícaro, con el mensaje social. Es una denuncia social, no política. Todavía no estoy metido. No soy ni conservador, ni liberal, ni sandinista. Soy un nicaragüense. Pero el Frente Sandinista está haciendo sus actividades, me invita y me empiezo a acercar. Empiezo a darme cuenta de que mi canción ya no me pertenece, es popular, vino del pueblo y va al pueblo. Empiezan a nacer La tumba del guerrillero , Las campesinas del Cuá .. Empiezo a conectarme con intelectuales comprometidos, como Pedro Joaquín Chamorro y Pablo Antonio Cuadra. Hay una hermandad.
::: ¿Considera que el suyo fue un acto heroico?
No veo nuestra participación como un acto heroico, sino como una consecuencia natural de la historia de Nicaragua. El devenir es un río que te lleva, allá vos si decís me aparto o dejo que me lleve. Y nosotros (él y su hermano Luis Enrique) nos metimos en ese cauce, nos dejamos llevar. Empezamos a militar como artistas y ya como protagonistas en esta historia. En el 74 el sandinismo me hace el llamado. El Frente venía creciendo como una ola expansiva y allí entramos nosotros.
::: ¿Estaba consciente de l efecto que podían tener sus canciones?
Ni idea. En ese momento no. Después sí, cuando ya caés preso, te amenazan, amenazan a tu familia, cuando tenés que irte al exilio. Es muy fácil que te podás envanecer si no tenés claro tu origen. Como dice Ernesto Cardenal en un poema: Cuando te estén colocando la medalla, pensá en los muertos.
:::¿Las canciones estaban grabadas?

Las revolucionarias no. Yo empecé grabando la música que no podía ser censurada. Pero me las arreglaba. La estrategia era ir metiendo picardía y bajo la picardía iba el mensaje. En la María de los Guardias : un hombre arrecho llamado Sandino. Voy poco a poco. No soy el gran valiente, estoy recién casado, tengo hijitos, no puedo arriesgar a mi familia; pero el Frente me nutre de esa seguridad de que lo que estás haciendo es lo más lindo del mundo, porque se corresponde con tus principios.
::: ¿Qué sentía usted que estaba haciendo?
Dando la cuota que tenía que dar. Simplemente. Así de sencillo. No lo digo con falsa modestia. Así como otros dieron la vida, yo di mi canto. Y mi sacrificio, si alguna vez lo hubo, es mínimo comparado con el de Leonel Rugama que dio su vida.
::: ¿Nunca recibió un encargo de canción?
No. Me gané el respeto de los dirigentes. Nunca me forzaron a hacer una canción. Las hacía porque me nacía hacerlas.
::: Hablemos de la historia de algunas canciones. Comencemos con La Consigna.
No tenía pretensiones de hacer una canción que mañana van a cantar las multitudes, sino que llevado por el entusiasmo de la identificación con estos muchachos que arriesgan la vida, la escribo en época de Somoza (Debayle), en 1973, acabado de pasar el terremoto. Yo vengo de Honduras y me encuentro el éxito de la María de los Guardias , lo que me permite arriesgarme. Guayo González llegaba a ensayar a mi casa. Y cuando estábamos: ¡dame una efe, dame una ese!, de pronto chucuchún chucuchún. ¡Qué bonito! Él dio ese aporte. Eso le dio a la canción una mayor soltura, el hecho de que sea bailable.
::: A propósito… María de los Guardias.
Yo la escribo y no me pasa por la mente que vaya a pasar algo con esa canción. Estoy tocando piano en la casa, en Somoto, y mi mamá en la pulpería. Me dice: “Vení ve a esta señora, esa es la mentada María de los Guardias, porque solo con guardias se mete, no es babosa”. Iba emprendada, con una carterota. Nunca más volví a escuchar el apodo, pero a mí no se me olvidó. Dejé de hacer el bolerito y comencé a componer la canción.
Anduve seis meses buscando una mujer que la cantara y ¿no sabés lo que pasó? La grabé yo en mi voz. ¿Vos sabés en un pueblo tan machista que vos digás: “Yo soy la María, María es mi gracia…”? Yo la grabé para mientras. En eso viene el terremoto y me voy para Honduras y cuando vengo de regreso en la frontera me encuentro la María de los Guardias en la radio. ¡En mi voz! Se me pusieron los pelos de punta. Llamo por teléfono a la Corporación, ¡qué barbaridad! y me dicen: “Ve, hermano, toda Nicaragua la está cantando”.
::: Vamos al Comandante Carlos Fonseca.

Cuando lo matan yo pongo una hoja de papel y escribo Comandante Carlos Fonseca; también puse Zinica, Segovias, anteojos, miope. Pero como dice el poema: quiero escribir, pero me sale espuma. Años después en los albores de insurrección, cuando me encuentro con Tomás Borge, en Panamá, le digo: “Tomás, vos que conociste a Carlos Fonseca, contame…” Y tuvimos una plática hasta las 4:00 de la mañana. Él tenía que salir a las 5:00 para el aeropuerto. Después empecé a escribir. Quería hablar de la vida, pero la muerte era una realidad. Empiezo a emborronar y entra Absalón Gutiérrez, un muchacho de Matagalpa.—Ve, Carlos, te veo preocupado.—No jodás. Es que estoy pegado con la estrofa de la muerte de Carlos Fonseca. Estoy pensando retomar a Alfonso Cortés; la bala que lo mató no fue una bala cualquiera. Pero no quiero repetir la idea, quiero algo nuevo. Y cuando choca esa bala con el corazón de Carlos hay una explosión de luces…—Como una bomba de contacto —me dice él, que no es poeta.Me levanté y le di un abrazo. ¡Qué tronco de idea! No puedo ser arrogante y decir que esa canción la hice solito. La gente cree que uno hace las canciones en dos horas; pero a veces pasan meses, años y vos seguís puliendo.
::: Ahora platiquemos de La tumba del guerrillero.
Está inspirada en un poema de Ernesto Cardenal. Él pone cortito: te mataron, y no nos dijeron dónde enterraron tu cuerpo, pero desde entonces todo el territorio es tu sepulcro.
::: Vivirás Monimbó.
Iba en un bus con Los de Palacagüina, en un viaje fuera de Madrid. El País publicó una crónica sobre lo que estaba pasando en Nicaragua y decía: los indígenas de Monimbó se están insurreccionando con sus marimbas, sus atabales y sus máscaras de cedazo. Y esa imagen me dio la idea de “como una flor de piñuela a la orilla del camino”.
::: Las Campesinas del Cuá.
Me llega por un lado un poema de Ernesto Cardenal y por otro uno de Alejandro Dávila Bolaños. Los junto, cojo la idea. Como esa frase hermosa de Cardenal: “Se oyen gritos de parto”. Pero ellos no hubieran hecho los poemas si no está el testimonio desgarrador del periodista Alberto Monzón Fornos.
::: El Cristo de Palacagüina.
Es un homenaje a Miguel Ángel Ortez. Entre los héroes más sonados en Nueva Segovia estaba él. Hay un poema maravilloso de Manolo Cuadra, que dice: “No porque en Las Segovias el clima fuera frío tuvo este Miguel Ángel en las venas horchata, murió en Palacagüina, peleando mano a mano y cuentan que ya muerto con solo oír su nombre se meaban de pánico los yankees”. Fue ese poema más el cariño a Palacagüina. Cuando él muere, resurge el pueblo. Es un homenaje al Niño Dios y a un héroe revolucionario.
::: ¿En los 80 siguieron teniendo efecto sus canciones?
Claro. Acompañamos con nuestras canciones todo el proceso revolucionario. Me alegra no haber hecho canciones para el Servicio Militar, pero no critico si alguien la hizo.
::: ¿Por qué no la hizo usted?
Hice para la alfabetización, para el trabajo voluntario, para la vigilancia revolucionaria. Y cuando hice algo que tenía que ver con el Servicio no encontrás ni un ápice de violencia, se llama Mulukukú, es una canción de amor, de paisaje, de sol. Va el nombre Mulukukú, que era un símbolo del Servicio Militar Patriótico; pero no hice un panfleto. No dije: “¡A ver muchachos a entregar su vida!” No tenía hijos que iban al Servicio Militar, no sentía el dolor de esas madres y no me sentía con el derecho de publicitar ese sacrificio que era demasiado grande.
::: ¿Las otras canciones son panfletos?
No, no, no. El panfleto fue panfleto cuando había que hacerlo. No me arrepiento de las canciones de Guitarra Armada , que son canciones directas donde estás diciendo aprendé a desarmar este fusil, porque con él vas a defender tus principios. Son panfletos válidos. Cada minuto valía. En cambio las de Arlen Siu y Carlos Fonseca eran elaboradas. Uno tenía que combinar lo emergente con lo elaborado. Guitarra Armada lleva de ambas cosas.
::: Y triunfó la revolución. ¿Dónde estaba usted?
En España y hubiera querido venirme; pero estaba dedicado a cantarle a la solidaridad internacional. El Frente me llamaba para trabajar en el Ministerio de Cultura, yo preferí cumplir con mi agenda hasta octubre. Pero rascaba por venirme, desesperado por el deseo de ver la revolución ya marchando.
::: ¿Cuál fue su impresión al volver?
No se puede describir. Una de las cosas que más me impactó fue ir a los barrios y ver los nombres de los mártires en las calles y las plazas. Fue algo muy visible, tangible y emotivo. Son emociones difíciles de describir. La alegría de la gente de la calle, cantar en los barrios con libertad, sin miedo de que te metan una bayoneta o te peguen un balazo por la espalda.
::: ¿Cómo recibió el triunfo de doña Violeta Barrios?
Fue doloroso, un impacto brutal. Pero me dije: “yo no voy a cambiar, tengo que seguir haciendo lo mío”. Seguí con el Frente Sandinista por muchos años más. Yo no me fui del Frente peleando, no hubo carta de renuncia. Renunciar al sandinismo es renunciar a mis principios, simplemente yo no voy a hacer vida partidaria.
::: ¿Cuál es ahora el sentido de sus canciones?
Los mismos valores. Los mismos parámetros: amor a Nicaragua, lucha por la identidad nacional, la paz, la democracia, la armonía y la identificación con los que sufren. Ahí estoy yo, esa es mi bandera, de ahí no me he movido y seguiré estando ahí.
::: ¿Cómo se siente cuando llega un 19 de julio?
Lo vivo como he vivido todos los 19 de julio de mi vida. Como lo que soy, un hombre que sigue los postulados de Sandino y los héroes de la revolución; un hombre que se inspira en esas gestas; que tiene como referentes éticos, más allá de cualquier opción política, los valores que nos han heredado todos los héroes de Nicaragua.
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