La pasión por el dibujo es algo esencial en la vida de Claudia Carolina Tijerino González, quien a sus 22 años es toda una artista de dibujo y pintura.
Sus primeros trazos los dio desde muy pequeña, pues luego de la muerte de su madre cuando tenía 3 años, su tía materna, quien se encargó de su crianza, la inscribió en clases de pintura en la Casa de Cultura. “Desde pequeña pintaba todas mis cosas, sábanas, roperos. Agarraba el maquillaje de mi tía y me pintaba, tenía una fascinación por los colores”, comenta esta chavala estudiante de cuarto año de Arquitectura en la UCC.
Afirma que las técnicas básicas que había aprendido en sus clases de pintura las aplicaba en los dibujos que hacía a solas. “Me daba pena que me vieran dibujando, así que me encerraba y únicamente los mostraba cuando los había finalizado”, relata Tijerino.
Luego de pasar más de diez años sin maestro de pintura, Tijerino ha logrado expresar en grafito todo aquello que considere especial. “Generalmente todos mis dibujos son dedicados a una persona en especial, por eso tienen un gran significado. Como en mi familia todos son católicos, muchos de mis dibujos son motivos religiosos. Pero lo que más me gusta dibujar son ángeles”, cuenta.

Para Tijerino, pintar es sumamente importante, pues afirma que es lo que la distingue de los demás, un don que Dios le regaló. Por eso, le encanta ayudar a quienes se interesan en el dibujo, para dejar un legado en ellos.
Mientras pinta, Tijerino se desconecta del mundo real, sumergiéndose en cada uno de los trazos que inmortaliza sobre el papel. “Además que explotar mi talento, dibujar me ayuda a liberar la mente, el estrés. No lo considero un trabajo, sino una forma de diversión” , asegura.
Entre sus planes está terminar su carrera universitaria y estudiar pintura fuera del país, para luego poder realizar su propia colección el óleo.
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