A principios de los sesenta, a la par de lo que quedaba del Movimiento Nueva Nicaragua (MNN), había un grupo de militantes de la Juventud Socialista que proponían al partido organizar la lucha armada. Uno de ellos era el joven militante revolucionario de la Juventud, Jorge Navarro.
Después de una gira por Irak, Vietnam y Cuba, al llegar al país lo recibe Germán Palacios Baca, militante de la Juventud Socialista, expresándole la idea de recibir apoyo y ayuda para organizar la lucha armada. Además, Jorge Navarro traía la misión de formar el Frente de Liberación Nacional (en todo caso la experiencia de Argelia). De inmediato se sumaron los hermanos Escobar (Inocente y José Benito) y algunos militantes del MNN, más un grupo de la Juventud Socialista, Efraím Sánchez Sancho y Germán Palacios. Carlos Fonseca ingresa al país a finales de 1962, una vez que lo enviaron de la montaña a la ciudad, como castigo, y al organizar el Frente Interno se identificó con el FLN.
Carlos Fonseca y Jorge Navarro llamaban al grupo armado de la montaña “grupo del exterior” que se preparaba en Honduras, por el año de 1962 del siglo pasado, en el río llamado Patuca y Bocay. Sin embargo no eran ni FLN ni FSLN. Estaban dirigidos por Noel Guerrero y Rodolfo Romero, y no se les oficializó el nombre de ninguna organización.
Después de la derrota del Bocay —donde Carlos Fonseca había vaticinado el fracaso—, meses más adelante, el Frente de Liberación Nacional —no sin antes haber organizado el asalto al Banco de América—, se convirtió en Frente Sandinista de Liberación Nacional.
El Frente Sandinista no nació de una asamblea o de un congreso ni lanzó una proclama anunciando su creación. Tampoco presentó un programa. En el Frente Sandinista primero fue la acción. En una entrevista que dio Carlos Fonseca al periodista Víctor Rico Galán, de la revista “Siempre” de México, por el año de 1963, anuncia el nombre de la organización: Frente Sandinista de Liberación Nacional, sin mucho preámbulo.
De aquí se desprende que los fundadores del Frente Sandinista fueron en primer lugar el enlace entre Sandino y el Frente Sandinista representado por el coronel Santos López; en segundo lugar, Carlos Fonseca Amador, el hijo y continuador de la obra de Sandino; los hermanos Inocente y José Benito Escobar, los hermanos Roque Fonseca (Rolando y Adrián), Jorge Navarro, Silvio Mayorga, Rigoberto Cruz (Pablo Úbeda), quien continuó y organizó el movimiento campesino en la montaña.
No se puede perder el rastro de los primeros militantes guerrilleros urbanos que asaltaron el Banco de América, hace 48 años, la primera acción que se realizó bajo la organización con el nombre de Frente de Liberación Nacional (FLN). Fonseca afirmaba que esa acción era para recuperar fondos. Frente a esta hazaña se destacan: Sergio Narváez, Guillermo Mejía, Alejandro Mora, Augusto C. Tercero, Edmundo Narváez, Sergio García Balderrama, Jacinto Baca J. y Alfonso Gómez Borge (este compañero vive trabajando en el Mercado Oriental, de cargador, a sabiendas por nuestros dirigentes el papel que jugó en el asalto al Banco de América y posterior a la formación del Frente Sandinista). Todos estos compañeros contribuyeron al mismo tiempo a fundar el Frente Sandinista.
Ante la situación nacional e internacional de los primeros años de su creación, fines de 1963, lo primero que el Frente Sandinista proclamó, basado en su convicción, fue su planteamiento de la acción armada como estrategia y táctica para el derrocamiento de la dinastía, y años más tarde redacta el programa. Así se abría toda una época a la nueva cultura política guerrillera. En la práctica no significaba una forma de lucha común y corriente, sino a la vez, el cambio y la transformación del sistema dictatorial, o como afirmaba Carlos Fonseca poner fin “al apoyo estructural de la dictadura basada en una economía semicolonial y semifeudal por lograr la transformación del sistema económico y político”.
Para el Frente Sandinista la aplicación de esta estrategia y esta táctica en los primeros años del movimiento armado fueron momentos difíciles, sobre todo cuando se organizaban por primera vez dentro del país la lucha guerrillera y no en las fronteras a como se acostumbraba en la práctica invasionista.
Fueron días dramáticos, trágicos y también de inmensa alegría, pues en medio de esto se fue formulando y reformulando su programa, el enriquecimiento de la estrategia y la táctica de acuerdo a la práctica con gran sentido revolucionario. Es pues, la historia de varias generaciones de nicaragüenses que lucharon, sufrieron y murieron para conseguir que en Nicaragua hubiera un opción nueva al sistema económico, político y social del somocismo. Hoy es lo contrario, los actuales dirigentes llamados “sandinistas” que dirigen el Estado, rompieron con la tradición histórica de interpretarla y se suman al viejo mundo explicando el pasado bajo el método antihistórico, borrando lo nuevo con lo que el Frente Sandinista había contribuido, dando pie al regreso de la dictadura.
El autor fue Comandante de la Revolución y miembro de la Dirección Nacional del FSLN.
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