Con estas reflexiones, de ninguna manera estoy interesado en aliarme o dejarme seducir por los dineros que muestran los dueños de la campaña electoral del 2011. Pero, como ciudadano nicaragüense con derechos y deberes, estoy en la obligación social, moral y política de expresar mi visión y mi opinión personal.
Generar un millón de empleos en una economía pobre, dependiente, frágil y con los factores del desarrollo deprimidos y no atendidos en las últimas seis décadas, no es asunto de ofrecer solamente. En cinco años colocar un millón de personas en igual número de puestos de trabajo es ser mentiroso y creer que en el país no existe la inteligencia.
Recuerdo que los administradores de la cosa pública en los años ochenta también soñaron y trataron de hacer creer que la economía fuera de las manos de la dictadura de Anastasio Somoza Debayle podía crear “empleo pleno”.
Efectivamente la población pobre, analfabeta, ignorante, sin instrucción técnica ni científica encontró un lugar o puesto de ocupación, pero no de trabajo decente. En los ministerios, en las empresas del Gobierno, en los centros de servicios a la ciudadanía, lo que encontrábamos era una gran cantidad de personas que repetían las acciones de servicios para justificar su permanencia y el ingreso que recibían en concepto de “salario”, mismo que no existía porque no trabajaban, lo que hacían era un ejercicio con actividades parecidas a un trabajo, acciones inventadas, ninguna productiva, ninguna hacía crecer el producto interno, solamente era burocracia. Sin embargo recibía un ingreso llamado salario por no trabajar. Era una decisión política, pero nunca fue una actividad económica productiva.
Veamos, para generar quinientos (solo 500) empleos productivos y decentes en Nicaragua se necesita lo siguiente:
1. personas de ambos sexos preparadas técnica, científicamente y de alta productividad, para la demanda del modelo económico en que se desarrolla la economía del país; 2. una base empresarial inteligente, pagadora de impuestos, con relaciones de mercado nacional e internacional constante; 3. entendimiento y comunicación estratégica entre la administración de la educación nacional, la empresa privada y la demanda de mercados; 4. una administración pública capaz y eficiente que trabaje con información completa y actualizada sobre los recursos humanos del país; y 5. un manual de organización y métodos laborales, que no tenemos, ni queremos tenerlo. Este último porque permite colocar a las personas por amistad y no por capacidad o conocimientos, por favores políticos y no por responsabilidad, o por proteccionismo y no por derecho laboral.
Lo que se producirá con esa propuesta serán empleos indecentes, temporales, mal pagados, no técnicos, de corta duración, nada productivos y frustrantes, que en ningún momento generará beneficios al país. Por el contrario, lo que muy prontamente va a producir esa política será inflación y alteración de los índices económicos. Con eso vamos a soñar y creer, como hoy día, que somos menos pobres que hace 16 años. en los tiempos del neoliberalismo, aunque hacemos lo mismo que ayer.
El autor es sociólogo e investigador social
Ver en la versión impresa las páginas: 9 A