Amigotes
Para aquellos que andan creyendo en gobiernos de mil años, miren cómo las cosas pueden cambiar de un momento a otro. Hasta hace poco, Ortega y sus amigotes parecía una pandilla que se comería el mundo. Vean ahora como están las cosas. Fidel Castro, en las últimas; Manuel Zelaya, errante, sin rumbo fijo; Muamar Gadafi, a punto de dar con sus huesos en la cárcel, y Hugo Chávez, con una misteriosa enfermedad que lo tiene fuera de juego y a Venezuela en vilo.
Matemático
Voy a defender al juez Ernesto Rodríguez, a quien se le acusa con mucha sorna de ser una calamidad en matemáticas, solo porque en la sentencia contra Chanito García primero mencionó una cantidad que no se supo de dónde la sacó y después salió con otra, en la que supuestamente rectificaba los errores de la primera. Es injusto echarle la culpa al juez Rodríguez cuando posiblemente el que se equivocó esté en El Carmen, tranquilito, sin que ningún dedo lo esté señalando por semejante trastada.
Oposición
Que «oposición» esta que nos tocó. Parecen más empeñados en destrozarse los unos a los otros que en enfrentar a Daniel Ortega, al que todos aseguran querer vencer. Para los de la ALN, por ejemplo, don Fabio Gadea es mayor peligro que Ortega en la Presidencia, a pesar que antes de escoger a Enrique Quiñónez lo buscaron como candidato. Si antes era bueno, ¿por qué ahora es malo? Si estuviésemos con una oposición más inteligente, evitarían abrir tantas heridas para que al menos exista la posibilidad de algún día reunirse todos, discutir un plan único y llamar al voto en una sola casilla, antes que el país se vaya al carajo. Suponiendo, lógicamente, que de verdad quieren derrotar a Daniel Ortega. Pero si solo le están haciendo los mandados a Ortega, sigan matándose y vayan preparando las excusas con las que los veremos echarse la culpas unos a otros después de noviembre.
A votar
Y a decir verdad yo no tengo candidato. Y sé que al igual que yo hay miles de nicaragüenses viendo con tristeza esos pleitos inútiles de la llamada oposición. Pero también sé que hay que votar. Que si no voto, voto por Daniel Ortega. Y que si no voto, ni siquiera podría demostrar que se robaron mi voto. Por lo tanto, voy a votar, y voy a votar aunque sea por un candidato con el que no me siento del todo a gusto, pero que al menos me va a dar la posibilidad de quitarlo por medio de los votos al final de su gobierno. Con Ortega, eso ya no sería posible.
¡Somocistas al poder!
¡Lo que faltaba! Apareció un llamado «Partido Somocista». Uno esperaría que fuesen perseguidos por las turbas orteguistas por el solo hecho de enarbolar el nombre del archienemigo del sandinismo. Lo más lógico sería que si marchan hacia El Carmen, sea con furibundos reclamos por la muerte de su gran líder hace tantos años. Pero el «partido somocista» marchó ayer hacia El Carmen, donde reside el centro de poder del Frente Sandinista, para manifestar su apoyo ¡a la reelección de Daniel Ortega! y, por supuesto, no hubo ninguna turba que los acosara, como sucede con quienes marchan pidiendo lo contrario.
Fusión
La verdad uno ya no se asusta por nada. Se verán cosas, dice la Biblia. Y se están viendo. La «izquierda» sentada a la derecha, Daniel Ortega recorriendo los mismos pasos de Anastasio Somoza sin recordar cómo este terminó… Entonces, ¿por qué nos vamos a asustar de que somocismo y sandinismo se hayan fundido en esta nueva expresión política llamada «orteguismo»?
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