El 8 de noviembre de 2006, al declararse vencedor en las elecciones presidenciales realizadas tres días antes, Daniel Ortega agradeció a “los miles y miles de observadores internacionales” que estaban en Nicaragua y avalaban su triunfo.
Casi cinco años después, cuando busca ser reelecto, Ortega se opone a la observación electoral y mucha gente se pregunta cuál es el miedo del Presidente.
Un organismo nacional de observación, Ética y Transparencia (EyT), y uno internacional, el Centro Carter, confirmaron en 2006 que Ortega había obtenido la mayoría de votos frente a sus principales competidores, Eduardo Montealegre y José Rizo, estos de tendencia liberal.
Sin embargo, hoy EyT tiene prohibido observar elecciones en Nicaragua, y el Centro Carter aún no recibe invitación para los comicios del próximo noviembre, lo que denota un problema porque en 2006 esa invitación le llegó en enero.
Pareciera que Ortega cambió de opinión durante los cuatro años y medio que ha gobernado, pero el informe de la observación que hizo el Centro Carter en 2006 refleja que sus ideas han sido las mismas.
“Durante la campaña, el candidato sandinista Daniel Ortega llegó a mostrar cierta desconfianza hacia los observadores electorales, tanto nacionales como extranjeros”, expresa el informe.
Al candidato del Frente Sandinista (FSLN) nunca le han gustado los observadores. Los aceptó la primera vez en 1990 por la presión internacional y en 2006 porque trataba de volver a ser presidente con la promesa de respetar las reglas de la democracia.
De vuelta en el Gobierno, una de sus primeras acciones para quedarse en la presidencia de forma indefinida fue tomar por completo el Consejo Supremo Electoral (CSE), donde el FSLN compartía cargos con el Partido Liberal Constitucionalista (PLC) desde que ambos hicieron un pacto en 1999.
Según el reporte del Centro Carter, aunque Ortega veía con desagrado a los observadores, en 2006 “el CSE continuó con la tradicional práctica de extenderles credenciales, escuchar sus criterios y a veces aceptar sus sugerencias para el mejoramiento del proceso”.
En 2008, el control del FSLN sobre el CSE llegó a ser total y en las elecciones municipales de ese año excluyeron a los organismos observadores y ejecutaron un fraude, alteraron los resultados de la votación y robaron unas 40 alcaldías a la oposición.
Ahora, a cuatro meses de los comicios presidenciales, el CSE mantiene cerradas las puertas a los observadores y en la entrega de cédulas de identidad ciudadana da preferencia a los partidarios del FSLN. Esta trampa ya la habían intentado en 2006 y los observadores la detectaron.
El reporte del Centro Carter reveló que ese año en distintos lugares del país funcionarios del CSE trataron de distribuir de manera sesgada las cédulas de identidad, “y pudimos tomar medidas en Managua, para poner fin a esta situación”.
La maniobra fue descubierta porque en el proceso electoral de 2006 solo el Centro Carter tuvo siete observadores de largo plazo y 62 en la última etapa; y para eso son los observadores. Si hoy Ortega los quiere lejos, ha de ser por miedo a perder en una votación limpia o vigilada, en la que se le dificulte torcer los datos a última hora.
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