Ya que la columna anterior la dediqué a “Las mujeres de Zeus”, es justo y necesario que escriba ahora sobre los hombres de alguna diosa importante de la mitología griega. Y para esto nadie mejor que Afrodita, la diosa del amor, la que los romanos conocían con el nombre de Venus.
La única labor que Afrodita debía desempeñar, era proteger, promover y practicar el amor, ya fuese entre las divinidades o entre las personas mortales. Esa fue la misión que le asignaron las Parcas, como se llamaban las tres divinidades que se encargaban de tejer y cortar el hilo de la vida, y de señalar el destino de los dioses y de los mortales.
La erudita española Virginia Seguí ha escrito en la revista Alenarte , que Afrodita, tal vez aburrida de hacer siempre lo mismo, en una ocasión se puso a tejer a escondidas. Pero fue descubierta por Atenea, diosa de la sabiduría, quien era la única que según designio de las Parcas podía dedicarse a tejer. De manera que Atenea se quejó ante Zeus, quien regañó a Afrodita. La bellísima diosa del amor se disculpó y nunca más volvió a hacer algo que no fuera lo que tenía destinado, o sea amar y hacer que los demás se amaran entre ellos.
Por orden de Zeus, Afrodita se casó con Hefestos (llamado Vulcano en la mitología romana), el poderoso dios de los fuegos y las fuerzas interiores de la tierra. Pero Hefestos era muy feo y nunca agradó a Afrodita, quien a escondidas tenía amores con Ares (o Marte), el dios de la guerra.
Afrodita solía visitar a Ares para hacer el amor en su lecho y en una ocasión quedaron ambos tan extenuados que se durmieron hasta el amanecer. Al salir Helios, el dios sol, los vio desnudos en la cama y fue a acusarlos con Hefesto. Este, furioso, tejió una red de bronce que nadie podría romper, se acercó a donde estaba su mujer durmiendo con Ares, los envolvió en la red metálica y los colgó en el aire, para exhibirlos desnudos ante los dioses y que estos se rieran de ellos.
Los dioses varones disfrutaron aquel insólito y para ellos divertido espectáculo. Hermes, el dios mensajero, se propuso para ocupar el lugar de Ares, y Poseidón, el dios de los mares, al ver a Afrodita en su espléndida desnudez se enamoró de ella y pidió a Zeus que le permitiera ser su esposo. Las diosas mujeres, en cambio, reprocharon aquel montaje que consideraron bochornoso para su condición femenina y no fueron a presenciarlo.
Zeus liberó a los amantes que estaban atrapados en la red de Hefesto y para que Afrodita recuperara su virginidad la mandó a bañarse en las aguas de las playas de Pafos, Chipre, donde la diosa del amor había nacido de entre las espumas del mar.
Pero después Afrodita tuvo amores con Hermes, y de esa relación nació Hermafrodita, mitad varón y mitad hembra. Posteriormente Afrodita se unió con Poseidón y Dionisio (dioses) y con los mortales Butes, Anquises y Adonis.
Con Anquises, Afrodita tuvo a Eneas, el príncipe troyano que cuando ocurrió la destrucción de Troya huyó hacia Italia, donde fundó la ciudad que sería Roma. Y los romanos, porque Eneas era hijo de Afrodita, creían que la diosa del amor que ellos conocían con el nombre de Venus era la protectora de Roma y que a ella le debían sus glorias y grandeza.
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