Es interesante el mito de Ésaco y el somormujo y me gustaría compartirlo con los lectores de esta columna.
El somormujo (o somorgujo como también se le llama) es un ave palmípeda, como los gansos y los patos, el cual vuela por cortas distancias, se lanza sobre el agua y sumerge la cabeza para procurarse el alimento atrapando pequeños peces. El somormujo es un ave propia de los humedales de Europa y habitualmente vive en lagos, lagunas y charcas permanentes. Sin embargo, en invierno suele trasladarse a las costas del mar.
En Nicaragua el equivalente del somormujo o somorgujo podría ser el piche, que según el Diccionario del Español de Nicaragua del maestro Francisco Arellano Oviedo, es un “ave palmípeda acuática, que habita en las costas del Pacífico”.
Pero es sobre Ésaco que quiero escribir ahora. Ésaco era príncipe de Troya, hijo de Príamo, el último rey de troyano, quien reinaba en la mítica y rica ciudad helénica del Asia Menor cuando fue atacada, sitiada durante diez años y finalmente saqueada y arrasada por los griegos de la península balcánica y el archipiélago.
La madre de Ésaco fue Aribe, primera esposa de Príamo e hija de una famosa adivina llamada Mérope. Precisamente de su abuela Mérope fue que Ésaco heredó el don de la adivinación, lo que hacía por medio de la interpretación de los sueños.
Cuando Hécuba, la segunda esposa de Príamo, llevaba en sus entrañas a su hijo Alejandro que sería conocido como Paris, soñó que de su vientre salía una antorcha que incendiaba la ciudad, Ésaco interpretó aquel sueño advirtiendo que Paris habría de ser causante de una gran catástrofe que terminaría con Troya. De manera que Príamo y Hécuba se enfrentaron al terrible dilema de que ella abortara al bebé, o matarlo después de nacer, para conjurar tan terrible peligro.
La decisión de Hécuba y Príamo fue no abortar al bebé, ni matarlo ellos después de su nacimiento, sino dejarlo abandonado en el bosque para que nuriera por inanición o lo devorara alguna fiera. Y así fue que después de nacer el bebé fue abandonado en el monte Ida, pero fue encontrado por un matrimonio de campesinos que lo criaron hasta que llegó a la edad adulta.
Tiempo después Ésaco se fue a vivir al monte Ida, pero antes de irse le enseñó el arte de la adivinación a dos de sus hermanos, Heleno y Casandra. En el monte Ida Ésaco se encontró un día con la ninfa Hesperia, hermana de Enone, la novia que fuera de París antes de que se marchara a Troya.
Huyendo del asedio amoroso de Ésaco, Hesperia fue mordida por una serpiente venenosa y murió. Entonces, trastornado por la muerte de Hesperia, de la cual se sentía culpable, Ésaco trató de suicidarse arrojándose a la costa pedregosa del mar desde un peñasco.
Tetis, una diosa que se paseaba por la playa cuando Ésaco se arrojó del peñasco para suicidarse, y lo recibió en sus brazos salvándole la vida. Pero en vez de agradecerle a Tetis porque le había salvado la vida, Ésaco se lo reprochó y volvió a subir al peñasco para lanzarse de nuevo contra las rocas. Otra vez Tetis evitó que Ésaco se estrellara contra las rocas, y al tercer intento lo convirtió en un ave que después sería llamada somormujo o somorgujo.
Y desde entonces, cada vez que Ésaco convertido en somormujo se arroja al mar para matarse, las alas frenan su caída y se zambulle suavemente para salir de nuevo a la superficie.
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