ACLARACIÓN
Antes que nada, disculpas por una frase mal usada. En mi columna anterior hablé de “tener pantalones” como sinónimo de valentía. Sin embargo, pronto algunas lectoras me hicieron ver el error al atribuir la “valentía” a la condición de “hombre” (simbolizado por los pantalones), cuando en los últimos años las mujeres han demostrado estar en primera línea a la hora de reclamar sus derechos. Sirvan pues estas disculpas de homenaje a esas mujeres bravas, que salen a pecho abierto frente a los morteros, piedras y garrotes, frente a la intolerancia y el conformismo a recordarnos que el valor, también es, y a veces principalmente, cosa de “mujeres”.
DILEMA
Veamos las cosas tal como son. En las próximas elecciones Nicaragua se jugará mucho más que un cambio de gobierno. No se tratará solo de elegir si se tendrá un gobierno sandinista o uno liberal. De lo que suceda en noviembre sabremos si en Nicaragua seguirán existiendo las elecciones como el mecanismo mediante el cual los ciudadanos escogemos a nuestras autoridades, o este fundamento de la democracia dejó de existir. ¿Queremos que sigan existiendo las elecciones? Y si no es a través de elecciones ¿cómo se escogerá a las autoridades? Esa debería ser la reflexión profunda que nos lleve a tomar posición en estas elecciones, independientemente de que nos guste o no alguno partido político.
SENTENCIA
Daniel Ortega lo tiene claro. En el pasado Foro de Sao Pablo, celebrado en Managua, dijo que ellos se ven “obligados por las circunstancias históricas a batallar en el campo electoral para ganar espacios Pero eso no significa que esa sea la bendita Democracia, simplemente estamos peleando en un territorio tomado, hegemonizado, dominado y minado por el Imperialismo”. Las elecciones sirven, pues, según Ortega, para llegar al poder. Perderlo por ellas, otra vez, sería tonto. Esta sentencia de Daniel Ortega a las elecciones pasó bastante inadvertida a pesar de todo lo que implica.
ENSAYOS
El asedio a las elecciones como fundamento de la democracia comenzó hace mucho. En el 2004, orteguistas y arnoldistas se asociaron para robarse la Alcaldía de Granada. Fue el ensayo. La bestia probó sangre. Ahí se demostró que manipulando un número por aquí y otro por allá, se podía cambiar la voluntad popular y se resolvía un problema de fondo para el Frente Sandinista: ¿Cómo ganar una elección sin ser mayoría? En el 2008 fue un ensayo general. Solo en los tiempos de Somoza se había visto un fraude tan descarado. Pero, ahí están los candidatos que no ganaron haciendo el papel de alcaldes en al menos unos 50 municipios, incluyendo Managua.
¿FIN DE LOS FRAUDES?
El próximo noviembre, si todo sale como lo tienen planeado, tendrán no solo el gobierno, sino los diputados suficientes para cambiar las reglas del juego en Nicaragua mediante una reforma a la misma Constitución que hoy violan para llegar hasta ahí. O sea, que en el futuro ni siquiera tendrán que violar la Constitución ni hacer fraude para mantenerse en el poder, porque la Constitución ya estará hecha a la medida de sus pretensiones, y no habrá elecciones que robarse porque las elecciones, tal como las conocemos, habrán pasado la historia, según lo que dijo el propio Ortega en el Foro de Sao Pablo.
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