En algo se parecen los boxeadores a los dictadores. La mayor parte no se retira a tiempo y terminan olvidados o borrados por la historia.
En el boxeo se mencionan solo dos casos en la época moderna de campeones que supieron retirarse a tiempo con su corona: Rocky Marciano que nunca perdió una pelea y el mejicano Ricardo “El Finito” López. La lista es abundante de los que se retiraron y luego volvieron para perder, y posiblemente ahora solo sean una escasa referencia para los aficionados del boxeo.
La historia también dedica un extenso sitio a dictadores que no querían retirarse hasta que el pueblo los expulsó, muchos de ellos sepultados por la lápida del desprecio y la ignominia, tal como estamos presenciando en el norte de África, y en el pasado en Latinoamérica y el Caribe: Batista, Duvalier, Trujillo, Castro, Carrera, Somoza, Pinochet, Pérez Jiménez, Rojas Pinilla, Stroessner, Videla, Noriega, y podemos seguir enumerando a los que sin aprender de la historia pretenden perpetuarse en el poder.
Son dos oficios bastante parecidos: algunos nunca se dan cuenta que es tiempo de colgar los guantes, con la diferencia que los primeros en la mayor parte de los casos, mueren pobres y los segundos por la fortuna mal habida terminan en la cárcel.
Diferente es el oficio del periodista. Mientras más experiencia y conocimiento has almacenado existe la obligación de transmitirlo a las nuevas generaciones cada día más desprovista de valores.
En los últimos meses hemos sido testigos del retiro de dos grandes del periodismo norteamericano: Larry King a sus 77 años, con más de 25 de trabajar para la cadena CNN entrevistando a los más connotados líderes, artistas y personajes mundiales.
King, flacucho, desgarbado y con unos lentes de aros cuadrados y antiguos, no colgó los guantes sino los tirantes como bien él expresa, y, ahora se dedicará a grabar algunos especiales para la cadena para la cual trabajó.
Hace pocos días también lo hizo Oprah Winfrey tras 25 años de destacarse en las pantallas de televisión en uno de los programas periodísticos de más audiencia y más incidencia a nivel mundial, y quien a pesar de su color y de no haber competido nunca en certámenes de belleza, llegó a ser calificada la “reina de la pantalla chica”. Ahora se retira de una cadena para crear su propia empresa. Un retiro digno de una reina.
Ambos sumamente profesionales, respetados y creíbles y sin haber aprobado ningún casting llegaron a marcas hitos en el periodismo norteamericano.
Con los actuales parámetros utilizados para contratar a los nuevos presentadores de televisión, quizás ninguno de ellos hubiera sido seleccionado.
El periodista que se precie de serlo, no conoce la palabra retiro y se da el lujo de ver desfilar a decenas de boxeadores y políticos que cuando deciden colgar los guantes, quedan reducidos a un simple nombre y peor aún pasan a formar parte de un pasado que muchos no quisieran volver a vivir.
Como en el boxeo, los dictadores deberían también colgar los guantes antes que sea demasiado tarde, porque hay una gran diferencia con los boxeadores: A estos últimos el público los aplaude aún en la derrota, en cambio los segundos cuando terminan en la lona no se levantan nunca más.
El autor es periodista y escritor
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