Querida Nicaragua: Hace unos años hubiera jurado que no surgiría en nuestro país un gobierno más corrompido que los que hasta ahora había conocido. Me equivoqué de plano. La corrupción de este Gobierno, o lo poco que se conoce de ella gracias a la valentía, la acuciosidad y la insistencia de periodistas jóvenes que han logrado llegar al fondo y han obtenido documentos que constituyen pruebas palpables de ella, nos ha hecho conocer la realidad del gobierno más corrupto del cual se tenga historia.
Todo aquí permanece oculto gracias al silencio sepulcral de los funcionarios, del señor presidente para abajo. Hay una ley de acceso a la información pública, pero como todas las leyes, es papel mojado.
El caso lamentable, tristísimo, denigrante, vergonzoso y dañino, porque ha robado los fondos de los impuestos que pagamos todos los nicaragüenses, el del exfuncionario de la Dirección General de Ingresos, Walter Porras, ha conmovido a toda la nación y ha dejado al descubierto el estilo del gobierno, su complicidad con la delincuencia al estar actuando en forma tímida con quienes han malversado fondos millonarios que nos pertenecen a todos. Y como este habrá quizás, vaya uno a saber, una decena o una veintena, fuera de las corrupciones descubiertas a exministros como don Tomás Borge Martínez, publicadas por el periodista Octavio Enríquez y que le valiera su nominación al Premio Ortega y Gasset, en España, para el periodismo escrito.
En otro de los grandes escenarios de corruptelas nos encontramos la noticia de que en el complejo aduanero de Peñas Blancas, frontera con Costa Rica, en cinco años se han decomisado doce millones de dólares provenientes del crimen organizado, de los cuales hasta la fecha se desconoce con exactitud qué fin tuvieron, ya que ninguna autoridad da cuenta de qué se hace con tanto dinero ni de quién o quiénes son los beneficiados. Este es otro campo en el cual la corrupción está a la orden del día sin que ninguna autoridad se interese por investigar y declarar el paradero final de ese dinero.
Un informe del periodista: Léster Quintero, de El Nuevo Diario, señala que “entre 2005 y 2006 se incautaron dos millones setecientos cuarenta y nueve mil doscientos veinte dólares, sobresaliendo el quiebre del 25 de agosto de 2006, cuando la Policía de Peñas Blancas encontró dos millones doscientos diecinueve mil cuatrocientos dólares, que trasladaba en un furgón el capitalino Julio César González, quien se atrevió a decir en el proceso judicial que se desarrolló en su contra por contrabando aduanero, que lo que realmente trasladaba hacia Costa Rica eran más de cuatro millones de dólares, y al final del proceso, hasta logró la libertad condicional”.
Por todo esto decimos que la corrupción nos sigue corroyendo por todas partes. En estas cartas he pedido varias veces a las autoridades que cuando realicen quiebres de drogas las incineren públicamente. Muy frecuentemente confiscan cienes y miles de kilos de cocaína y muy raramente aparecen incinerando esa droga. La incineración de la droga debería ser un acto público, donde se convocara a la prensa nacional, a la sociedad civil, y donde varios representantes de laboratorios de prestigio dieran fe de que el producto incinerado es realmente cocaína y no otro producto.
Por lo escrito anteriormente insisto en que la solución de Nicaragua está en la honestidad. Presidentes y funcionarios honestos terminarían con la corrupción y habría desarrollo, empleos para todos, bienestar y paz.
El autor es director general de Radio Corporación.
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