LA PRENSA/AGENCIA

Minicuentos de Bayardo Quinto Núñez

Dos locos, La sazón del pollo, La lora y El muerto

MINICUENTOS

La sazón del pollo

Hubo una vez un sacerdote tuvo que ir a celebrar una misa de difunto a Tisma, siempre se hacía acompañar por su pianista que le amenizaba las homilías. En ese entonces las misas se celebraban en latín. Antes de celebrar la misa Tata cura le dijo a Mercedes, cocíneme un pollo. Acto seguido se marchó. El cura no le dijo cómo quería el pollo y Mercedes no tuvo más remedio que dirigirse a la ermita. El sacerdote ya estaba celebrando su misa en latín, entonces le pidió el favor a su pianista, don Paco, hágame un favor, pregúntele a Monseñor cómo quiere el pollo, pues no me dijo cómo lo quería sazonado, le dijo doña Mercedes. Espérese un momento, ya le voy a preguntar, contestó Paco. Al momento que disponía a intervenir en la misa, Paco en latín le dijo: Dice doña Mercedorumm…, que si el pollorumm lo quiere en salsorumm o en chilorumm… Monseñor agarró la seña y le contestó rápidamente a Paco, pensando que se trataba de una broma. Decirle a la Mercedorumm, que el pollorumm lo quiero en salsorumm porque en chilorumm me da problemas el seculorumm, seculorumm.

Dos locos

Se encontraban dos locos en el hospital siquiátrico, acababan de cenar. Ese día hacía una noche con luz mortecina, el calor era sofocante, el aire como que había desaparecido. Los dos locos estaban desesperados y le solicitaron permiso al auxiliar de enfermería de turno para salir a pasear al corredor. Hace mucho calor amigo, denos permiso de salir al corredor para agarrar aire, le dijeron los locos al auxiliar de enfermería. Está bien, de todas maneras ya ustedes están mejor, les contestó el auxiliar, al tiempo que les abría la puerta que daba al corredor. Uno de los locos llevaba una lámpara de mano y salieron.

El loco encendió su lámpara, le señalaba la luna con su dedo al otro loco. ¿Te gustaría ir a la luna? le preguntó el loco de la lámpara al otro. Claro que sí, ¿y cómo me voy? le preguntó el loco. Muy fácil, ves el rayo de luz de mi lámpara, móntate en él y te vas. Tomá, le dijo el loco al otro loco, enseñándole la guatusa, y si apagás la lámpara, después en qué me vengo de la luna.

La lora

Cierto día había una concentración política en la plaza de la ciudad, dentro del inmenso público estaba un señor jinotegano, cargaba una lora en su hombro izquierdo. Muera ese político jodido, que se muera…, gritaba la lora. En ese momento pasaba en dirección a la tarima con su comitiva el político agredido por la lora, al oír los gritos ofensivos de la lora, se detuvo y ordenó que hicieran apresar a la lora parlanchina. La aprehendieron y se la llevaron en un saco, y en la cárcel la echaron en un gallinero, estaba ahí un gallo de raza, pero resultó que dicho gallo le bailoteaba a la lora a su alrededor pretendiendo machucarla. La lora se molestó por la actitud del gallo, entonces dio un grito: “Un momento jodido, yo estoy aquí por política y no por puta”.

El muerto

Estoy muerto, pero no estaré solo… le decía Rafael a su imaginación, aún después de muerto.

La Prensa Literaria

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