Todos hemos oído o leído el pasaje del Eclesiastés: “Todo tiene su momento oportuno; hay un tiempo para todo lo que se hace bajo el cielo…”.
Hoy, cuando estamos a escasos seis meses y medio de las elecciones generales, el tiempo para la unidad de la oposición ya pasó. En ese sentido ya no hay nada que hacer.
Ante los desastrosos resultados para la oposición que reveló la más reciente encuesta de M&R Consultores, muchos han vuelto a hablar de “la necesidad de la unidad de la oposición”.
Pero dice el pasaje citado: “hay un tiempo para plantar, y un tiempo para cosechar…”.
Si los llamados líderes de la oposición, cuando empezaban las pláticas entre Arnoldo Alemán y Eduardo Montealegre, hubieran puesto a un lado sus ambiciones personales y de alguna manera hubieran encontrado la fórmula para ir unidos a la las elecciones, en este momento estuvieran cosechando mucho más que esos tristes números en intención de voto.
Aparte de los argumentos que puedan tener hoy ambos, como en el caso de Montealegre, que dirá que él sí se bajó del caballo —y es cierto—, o el caso de Alemán, de que esa bajada nunca fue real, la verdad está hoy en los números.
Y si de alguna manera la Divina Providencia iluminara a todos los políticos de oposición y se unieran mañana, pues de nada serviría. Entre don Fabio (12.8 por ciento), don Arnoldo (5.7 por ciento) y… seamos buenos e incluyámoslo, Enrique Quiñónez, con 1.2 por ciento, no llegan al 20 por ciento de la intención de voto. Menos de la mitad de lo que logra el compañero comandante pueblo presidente Daniel.
Entonces la unidad nada resuelve, porque con sus pleitos y jaladeras de mechas con las que se han exhibido por tanto tiempo han logrado que muchos se desilusionen y decidan no votar, o que otros se decidan a ir a lo seguro y decidan votar por Ortega, prefiriendo el pan de hoy y pensando que el hambre de mañana de alguna manera lo resolverán.
¿Quiere decir esto que todo está perdido? Aunque parezca contradictorio, yo diría que no.
Cuando el encuestador hace un análisis de la solidez del voto, Ortega mantiene su voto duro en 39.8 por ciento, solo 1.9 por ciento más del porcentaje con que ganó en 2006. Luego tiene un voto suave a favor de 8 por ciento.
Un voto suave en contra del 6.6 y voto duro en contra del 40.8. Tiene un voto neutro del 19.4, lo que deja entonces un mercado electoral de 60.2 por ciento, casi lo mismo que sacó el voto no orteguista en el 2006.
El inmenso reto, claro está, es conquistarlo. Y no lo van a lograr poniendo juntos a todos los actuales candidatos, sin embargo, la misma encuesta da la respuesta:
Cuando se le pregunta a los nicaragüenses cuál es su principal problema el 80.9 por ciento lo resume en cuatro temas: desempleo, pobreza, seguridad y carestía de la vida.
Son cuatro temas que si se manejan con inteligencia, realismo y claridad se le puede despertar de nuevo la ilusión a la gente y sacarla de ese estado de ánimo en que está, de que “ni modo, va a ganar Ortega”, y pasar al estado de “podemos progresar, mejorar y optar por una vida mejor”
Claro, hay que reconocer que es tiempo de construir, no de destruir. Y además, hay que cuidar el voto… yo no dije que era fácil.
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