Querida Nicaragua: El pasado sábado apareció en LA PRENSA un artículo titulado “Educando para la vida” firmado por la profesora Myrna Dávila Castellón. Ella se lamentaba del estudio sobre algunas materias para la formación intelectual del alumno que se imparten en los colegios, y hacía ver la ausencia de materias que le ayudarían a los jóvenes en el diario vivir y harían de ellos y ellas mejores esposos y esposas y por supuesto mucho mejores ciudadanos para la nación. Y decía ella: ¿por qué no enseñarles a los jóvenes cómo resolver los problemas que tiene la existencia humana?, pues cuando el joven deja los estudios lo estará esperando otra escuela para la cual nunca fue preparado: la vida, en donde sí se encontrará don dilemas que nunca fueron tratados en las aulas escolares.
El artículo en mención me hizo recordar mi primer año de secundaria en el Instituto Nacional de Occidente de León, en donde los alumnos recibíamos la materia de Moral y Trato Social, impartida por el recordado y santo varón Padre Benito Oyanguren. Esos valores cívicos de urbanidad, higiene y trato con los semejantes no se me olvidaron jamás. Aprendí el respeto que se le debe a las personas mayores, el amor al prójimo, la virtud de perdonar las ofensas que nos infieran, la costumbre de saludar al entrar en cualquier sitio donde haya personas, la obediencia a los padres en el hogar, la sana costumbre de cumplir con los deberes religiosos, el respeto a los ministros del Señor, etc. etc.
Y seguía diciendo la profesora Dávila Castellón si no sería mucho mejor alertar a los adolescentes sobre los cambios que ocurrirán cuando dejen el colegio y enfrenten la vida diaria con sus progenitores y la sociedad en general. ¿No sería mejor prevenir a las muchachas para que no se casen con un borracho o mujeriego y de qué manera defenderse ante el primer golpe que le propinará un marido machista de los que todavía abundan?
Leyendo este artículo se me ocurre sugerir aquí lo que ya se hace en otros países desde hace largo tiempo. Y es fomentar en los niños desde los primeros años de primaria la obligación ciudadana de elegir y el derecho ciudadano a ser electos. Según me han dicho en Costa Rica las aulas escolares hacen elecciones periódicas para elegir al presidente del grado. Son elecciones formales en las que compiten aquellos que tienen capacidad de liderazgo y que pueden presentar su candidatura y ofrecer las mejoras que el aula de clase necesite. Todos los niños participan en la votación y eligen a su presidente. De ahí que no sea nada raro que las elecciones presidenciales en nuestra vecina del sur y que se celebran cada cuatro años sean una verdadera fiesta cívica. Los adultos ya aprendieron desde niños a elegir y ser electos. Han pasado sesenta y dos años de paz haciendo elecciones presidenciales y llevan dieciséis presidentes electos popularmente, en sufragio libre y secreto sin ningún problema.
Creo que uno de los más graves problemas que tenemos es la deficiente educación que reciben nuestros niños y adolescentes. Valores cívicos, moral y trato social, comportamiento humano, higiene ambiental, respeto a los bienes ajenos, amor a la Patria y a sus símbolos, son asignaturas pendientes en nuestras escuelas primarias. Lo primero que tenemos que hacer para cambiar es acudir a las urnas electorales y luchar por el respeto al voto ciudadano.
El autor es director general de Radio Corporación
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