NUEVA YORK/AP
Manny Ramírez siempre fue un enigma y se va del beisbol de Grandes Ligas como tal.
Su abrupto retiro es un retrato preciso de las contradicciones que marcaron la carrera del dominicano.
Ramírez no tuvo que anunciar su retiro en forma pública, ya que las autoridades de Grandes Ligas se encargaron de divulgarlo mediante un escueto comunicado que no entraba en detalles específicos sobre las causas que precipitaron la decisión.
Ese comunicado habla de un “problema” relacionado con el programa de prevención y tratamiento de drogas de las mayores, sin decir si Ramírez dio positivo en un análisis detector de sustancias prohibidas.
Sin embargo, una persona informada de la situación confirmó a la AP que esto fue lo que pasó y que, a sus 38 años, el quisqueyano optó por despedirse para no afrontar una segunda suspensión por consumo de drogas.
Un nuevo castigo implicaba 100 juegos fuera para alguien que en 2009 purgó 50 partidos tras dar positivo por una droga de fertilidad femenina que se suele usar para ocultar el uso de esteroides.
Ramírez dice adiós con un controvertido legado. Es posiblemente el mejor bateador derecho de su generación o, al menos, uno de ellos.
Cualquiera diría que su trayectoria en cuanto a números lo debe depositar sin escalas en el Salón de la Fama, pero este reciente episodio nubla sus posibilidades.
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