En la mitología griega hay muchas leyendas de los oráculos, como se llamaban a las sentencias y vaticinios de los dioses por medio de sacerdotes y sacerdotisas especiales, acerca de personas que desde antes de nacer estaban destinadas a matar a sus parientes, inclusive a sus propios padres.
A eso se refiere la historia de Auge, una hermosa muchacha como casi todas las hembras de la mitología griega. Auge era hija de Áleo, rey de Tegea, y de Neera, quien a su vez era hija de Proteo, un antiguo dios del mar que se hizo muy famoso porque predecía el futuro, para lo cual era necesario atraparlo. Sin embargo, capturar a Proteo era prácticamente imposible porque esta divinidad marina siempre cambiaba de forma y podía adoptar la que quisiera.
Pues bien, Áleo supo por medio de un oráculo que un hijo de Auge mataría a sus tíos maternos, Hipotoo y Pereo, los hermanos de Neera. A fin de evitar que se cumpliera la funesta profecía, Áleo decidió que su hija se consagrara al sacerdocio de Atenea, para lo cual tendría que mantenerse virgen hasta el fin de sus días. Pero además, Áleo le advirtió a Auge que la mataría en caso de que tuviera relaciones sexuales con algún hombre, de lo cual se puede deducir que la joven no estaba de acuerdo con el destino ascético que le designó su padre.
Pasó el tiempo y un día llegó a la ciudad de Tegea el héroe Heracles (o Hércules, como se le llama en la mitología romana y es el nombre por el cual se le conoce en español), quien andaba en cumplimiento de las grandes hazañas que lo harían inmortal. Tal como se lo merecía Hércules, quien era hijo de Zeus, el rey Áleo lo agasajó con un suntuoso banquete en el cual estuvo presente Auge. La bella sacerdotisa atrajo la atención de Hércules, pero se marchó temprano hacia el templo, que era el lugar de su vivienda.
Hércules se emborrachó durante el banquete y en ese estado fue al templo de Atenea en busca de Auge, de quien se había encaprichado. Hércules cortejó a la joven y hermosa sacerdotisa, invitándola a sostener una relación sexual. Pero Auge se negó a satisfacer la lujuria de Hércules, quien la tomó por la fuerza y la violó sexualmente ante la estatua sagrada. De nada le valieron a Auge sus peticiones de clemencia y las explicaciones a su abusador, de que ella era sacerdotisa de Atenea.
Cuando Áleo supo que su hija había tenido una relación sexual, sin importarle que había sido por violación, entró en furia y la entregó a un navegante llamado Nauplio para que la llevara a altamar donde debía ahogarla. Pero Nauplio quiso sacar un beneficio adicional de aquella criminal tarea, y en vez de matar a Auge la vendió a unos traficantes de esclavos.
Mucho tiempo anduvieron por los mares aquellos traficantes y durante la travesía Auge dio a luz a un bebé varón. Pronto los traficantes atracaron en la ciudad puerto de Misia, donde vendieron a la mujer y su niño al rey Teutrante. Pero resultó que Teutrante se enamoró de Auge, a quien la maternidad había aumentado y realzado su hermosura. De manera que se casó con ella y adoptó al niño, a quien dio el nombre de Telefo.
No tengo una información clara acerca de cómo ocurrieron los hechos posteriores, pero según la leyenda finalmente Telefo mató a sus tíos maternos, cumpliéndose la profecía del oráculo.
Hay otra versión interesante de la leyenda de Auge, que contaré en una próxima ocasión.
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