Querida Nicaragua: Luego de la marcha cívica de la sociedad civil, a la que orgullosamente asistí con mi familia, un periodista me hizo una pregunta de doble sentido: ¿qué piensa usted después del fracaso de esta marcha? Mi respuesta fue preguntarle a él de qué fracaso hablaba. Esta marcha, le dije, ha sido todo un éxito, ha quedado en evidencia la intolerancia del orteguismo, el miedo cerval que le tiene a sus opositores. Yo me siento orgulloso de haber tenido este éxito en el cual se nos han puesto todo género de barreras y obstáculos, pasamos por encima de una fila de policías que quisieron interrumpirnos el paso. Nos detuvimos cuando fue imposible continuar, cuando, estando a la altura del restaurante Friday se nos informó de la llegada de antimotines armados de escudos y clavas dispuestos a todo. En ese mismo momento, y sin nosotros darnos cuenta, valientes mujeres y hombres de la sociedad civil entraron en lucha con los policías produciéndose varios golpeados y heridos, según supimos sin confirmación.
La dirigente del Movimiento por Nicaragua, Violeta Granera, ordenó prudentemente que no siguiéramos marchando y luego el doctor Julio Icaza Gallard, en un escenario improvisado a la orilla del mencionado restaurante, pronunció un discurso categórico reclamando el derecho de los pueblos a expresar su criterio frente a regímenes dictatoriales como el que padecemos ahora.
No queda ninguna duda sobre las intenciones continuistas de Ortega y su decisión de reprimir al pueblo en caso de intentar manifestaciones de protesta. Las puertas de la vía cívica se van cerrando cada día. Hoy son las calles donde nadie puede protestar y que son patrimonio de jóvenes pagados y pobres empleados públicos llevados por la fuerza; mañana será el hostigamiento en contra de los medios de comunicación, el que ya ha comenzado en forma débil pero permanente.
Cuando un gobernante pierde la capacidad de dialogar con su pueblo y cuando cree que dialogar con él es convocar a unos cuantos de sus seguidores para entregarles un monólogo de falsas realizaciones, ha comenzado a ser dominado por la droga del poder, por creerse el único, el insustituible, el que no puede ser sustituido por nadie, pues solo él tiene la capacidad de dirigir a su pueblo.
La marcha cívica del pasado sábado ha sido un éxito porque nos ha mostrado la evidencia de que tenemos un nuevo dictador contra el cual hemos de seguir luchando con mayor coraje. El orteguismo no resiste a la sociedad civil en las calles, no es capaz de enfrentarse cívicamente y sugerir un diálogo nacional para responder sobre la marcha del país cuyas leyes juró defender al tomar posesión de la Presidencia de la República.
Cada acto del presidente nos enseña un irrespeto absoluto por la Constitución y las leyes del país. Magistrados del Poder Judicial ilegales, magistrados del Consejo Supremo Electoral ilegales, contralores ilegales, su propia candidatura a la presidencia ilegal. Robos generalizados, desfalcos evidentes en el Consejo Electoral, en la Dirección de Ingresos, en la Alcaldía de Managua, en el Aeropuerto Internacional, desfalcos y malversaciones probadas y publicadas en los medios de comunicación sin que la Contraloría, también ilegal y mucho menos el señor presidente digan absolutamente nada.
Esto no es gobierno, es una cueva de depredadores. Y la marcha cívica del pasado sábado fue un éxito arrollador porque ha dejado en evidencia la necesidad de un cambio profundo que lograremos ganando las próximas elecciones.
El autor es director de Radio Corporación.
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