ME ENTREGO MÁS”

La bailarina es Gloria Bacon, una de las fundadoras y promotoras de la danza contemporánea de Nicaragua con treinta años de experiencia.

“CUANDO BAILO SOLA

Foto de La Prensa/ Oscar Navarrete

El escenario luce oscuro, comienza a sonar una música suave y de repente el haz de luz azulado de un reflector se posa sobre una mujer vestida completamente de blanco. La mujer se levanta y comienza a danzar. Con sus movimientos nos cuenta la historia de una mujer que pasa de la sanidad a la locura.

La bailarina es Gloria Bacon, una de las fundadoras y promotoras de la danza contemporánea de Nicaragua con treinta años de experiencia.

Esta mujer dice sentirse orgullosa de sus raíces africanas. Asegura que no le gusta ser un ejemplo de nadie y que, aunque suene cliché, en la vida uno debe siempre aprender a levantarse después de cada caída.

¿Siempre quiso ser bailarina?

Yo estudié secretariado, diseño de interiores y estaba estudiando arquitectura. Comencé a bailar con un grupo del partido socialista y era por un asunto político porque después del baile dábamos discursos.

¿Hay público, espacios y afición por la danza contemporánea en Nicaragua? ¿Qué hacen para acercar a la gente?

A pesar que tiene 30 años en Nicaragua, sigue siendo un género nuevo que compite con el ballet clásico que tiene varios siglos y no tenemos los recursos para que la gente se enamore de lo que hacemos.

¿Cómo llegan los nuevos elementos a una compañía de danza?

Algunos vienen cuando son niños traídos por sus padres, otros un poco más grandes llegan por pasatiempo y otros porque abrimos convocatorias para becas. Casi siempre llegan más mujeres que hombres.

¿Cuál es la proporción?

En algunas compañías, siete mujeres por un hombre. En nuestro caso, cinco mujeres por un hombre, y esto pasa porque aunque digamos que hemos superado el machismo, no todos los padres quieren ver a sus hijos bailando.

En los noventa hubo una especie de boom de danza contemporánea en las universidades. ¿Continúa eso igual o ha variado?

Es lamentable porque ya no es así. Hay un divorcio entre teoría y la práctica, porque en teoría las universidades dicen que están para fomentar el arte, la cultura, la ciencia, pero te encontrás que cierran los espacios culturales. Antes tenían áreas dispuestas para cultura. Hemos visto con decepción como se pierden las condiciones y también las opciones a los bailarines y eso es un nuevo reto para ellos y para nosotros.

¿Tiene alguna coreografía favorita?

Tengo varias. Es como el pintor, el escritor, es algo especial que motiva. Me gusta bailar, no por egoísmo sino que siento que cuando lo hago sola me entrego más, y sobre todo me entrego más cuando interpreto mujeres en momentos específicos como la pérdida de un ser querido o demás.

¿Cuánto tiempo más será bailarina?

En Nicaragua no nos descartan tan rápido como en otros países. Aún sigo bailando pero también doy clases, preparo coreografías para otros y es una ventaja (ríe). Somos bailarines con más tiempo para caducar.

¿Bailan junto a los nuevos elementos?

Hay muchachos que pueden ser mis hijos y son muy ágiles. Bailamos combinados en algunas coreografías, pero a medida que los años pasan uno empieza a cambiar de igual forma que como te movés. Hay más madurez artística y escénica, pero menos resistencia. Lo que hacemos es combinar su agilidad con nuestra experiencia. Creo que lo único que hace que no se den bien esas coreografías es que haya algún perezoso y eso no tiene que ver con la edad. b

La Prensa Domingo

Puede interesarte

×

El contenido de LA PRENSA es el resultado de mucho esfuerzo. Te invitamos a compartirlo y así contribuís a mantener vivo el periodismo independiente en Nicaragua.

Comparte nuestro enlace:

Si aún no sos suscriptor, te invitamos a suscribirte aquí