Por Francisco de Asís Fernández
A Pedro Xavier Solís Cuadra
y Esilda Montiel Morales
Ahora sufro de extrañas desapariciones en la memoria,
mi depresión tiene un techo que se parece a un cielo de estrellas quebradas
y un piso de baches y escombros con alambres de campo de concentración.
Me siento un agujero deshabitado, un animal sin vanidad.
Soy un cangrejo que no logra llegar a mi niñez
hasta los brazos extendidos de mis padres.
Llego con pasos agotados a los ramajes y zacatales de las frustraciones.
Llego a las sombras y a las líneas oscuras a recoger los escombros,
las serpientes y cocodrilos que acechan la noche
y a un adorable nido de víboras.
Soy un hombre inconcluso que nació cuando llovieron miles de pájaros.
Nunca he sido un adulto
y no me hago ilusiones viviendo la tormenta en un barco de papel.
Pero mi alma es mi ventaja: yo siempre he creído en la soledad del mar
y sé que los grandes insomnios, valles, arenales, llantos siempre encubren madrigales .
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