De ganar Daniel Ortega las próximas elecciones presidenciales de Nicaragua, en noviembre, este país volvería a caer bajo un régimen militarizado, como estuvo hasta 1990.
La selección del exjefe del Ejército Omar Halleslevens para candidato a vicepresidente del país, en dúo con el presidente Ortega, es algo bien calculado dentro de un viejo plan del gobernante Frente Sandinista (FSLN).
Creer que Ortega lleva de segundo al general Halleslevens sólo porque éste es un fiel obediente y jamás le haría sombra, sería ignorar todo lo que ha hecho el Presidente por tener el Ejército a su servicio personal, así como ha ido apropiándose de los poderes del Estado.
Hace más de un año, en febrero de 2010, cuando Halleslevens pasaba a retiro y entregaba el mando al general Julio César Avilés, Ortega aprovechó la ceremonia para recordar a los militares que este Ejército nicaragüense surgió de la guerrilla sandinista y fue organizado bajo la dirección de Cuba, en 1979, tras caer la dictadura de Anastasio Somoza.
La intención de Ortega quedó más clara ese día al hacer énfasis en una de las consignas frecuentes de su primer gobierno, en la década de 1980: “Pueblo, ejército, unidad, garantía de la victoria”. En esa época, estando el país en guerra civil, significaba mandar a la población civil a las trincheras de combate, junto al Ejército, para defender al régimen del FSLN.
Pero ese Ejército, denominado Popular Sandinista por su carácter partidario, terminó sentándose a negociar la paz con su adversario, la Contrarrevolución, porque buena parte de la población campesina apoyó a esta fuerza irregular. Después que Ortega fue derrotado en las urnas, en 1990, entró en un proceso de profesionalización, pasó a llamarse Ejército Nacional y se supeditó al poder civil, a tono con la llegada de la democracia.
¿Con qué razón Ortega insiste, 20 años después, en el origen partidario del Ejército? ¿Qué importancia puede tener ahora, para el país, que los guerrilleros sandinistas se hayan entrenado en Cuba y allí se haya estado “forjando el Ejército Popular Sandinista y luego el Ejército Nacional”, como les recordó Ortega hace un año?
El motivo que veo es la intención del FSLN de instaurar un nuevo régimen militar, donde la disensión dentro y fuera del Estado sea menos permitida. El Presidente asegura que “el pueblo” gobierna hoy en Nicaragua y, según su retórica, quienes se le oponen dejan de ser pueblo para convertirse en enemigos. Así que una alianza entre “el pueblo” y el Ejército sería para defender al gobierno ilegítimo que surgiría de las próximas elecciones, si Ortega ganara a pesar de que la Constitución le prohíbe otra reelección.
Ortega, quien se cree el pueblo, quiere garantizar con las armas su perpetuidad en el poder. Desde que volvió a gobernar, en enero de 2007, ha puesto a por lo menos 20 exjefes militares en cargos importantes del Estado; y si fuese reelegido, habría un vicepresidente militar y entrarían más militares a desplazar a civiles en funciones públicas.
Líderes de la oposición y la sociedad civil han sido perseguidos por Ortega, quien suele ver, detrás de cualquier crítica, a enemigos y conspiraciones. Si continuara gobernando el próximo año, vigilaría y reprimiría más a los opositores para garantizarse más control; y para este trabajo son apropiados algunos militares experimentados.
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