Breve conversación con Dios

Alguno que otro día me amanece el deseo de invitarte un café, de abrazarme a la certeza con la que me nombraste para siempre. Quiero escuchar como respira en vos el universo y descubrirme en el milagro sin edad de tus pupilas.

Por Silvia Elena Regalado

Alguno que otro día

me amanece el deseo de invitarte un café,

de abrazarme a la certeza

con la que me nombraste para siempre.

Quiero escuchar como respira en vos el universo

y descubrirme en el milagro sin edad de tus pupilas.

Días en los que necesito darte gracias

por lo que me concediste infinito,

por la posibilidad de hacer y re-inventar

cada trozo de vida a mi propia semejanza o a la tuya,

Por la angustia y la fe en lo que anhelo,

por la alegría simple de los frutos.

Vos sabés que este amor mío renegó tanto de nombrarte.

Se ufanó de sí mismo,

evadiendo el diálogo cara a cara,

refugiándose en tu sustancia,

cumpliéndote en los principios

pero sin la humildad serena de aceptarte.

¿De qué he huido?

Si todo rumbo me devolvió tu aliento;

si toda libertad sin vos siempre fue cárcel.

Aquí estoy otra vez,

como emergiendo del útero materno:

confiándote mi vida,

abandonándome a tu ímpetu

despertando a tu amor

fundiéndome en tu nombre.

La Prensa Literaria

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