Después de un primer fin de semana de actividad en el 2010, Chinandega iba rumbo al título y el Bóer hacia su eliminación. Al final, los Indios se coronaron campeones y los occidentales no pasaron ni de la primera vuelta.
Eso indica que lo peor es llegar a conclusiones globales cuando ha transcurrido un trayecto tan corto. Sólo van cuatro juegos, dentro de un calendario de 60 partidos en la primera fase, y luego, otros 28 entre los que avancen a la segunda etapa del torneo.
Quizá sea normal el entusiasmo que hay en el Caribe con el equipo costeño, en Chontales con los Toros, en León con los Leones y en Managua con los Indios, luego de las barridas que estos conjuntos propinaron, pero es un error creer que son superiores a los otros y que probablemente no se les alcance. No, el recorrido es largo.
Tampoco tiene sentido considerar que los norteños de Nueva Segovia, Madriz y Estelí no tienen mucho que ofrecer porque fueron barridos. Personalmente no me parece mal el equipo de Ocotal. Orlando Suárez, Álvaro Membreño y Fidencio Delgado son brazos probados, al igual que Lenín Aragón y Juan C. Urbina con el bate.
Los equipos se van acomodando, como las cargas, en el camino. El nerviosismo llega a ser controlado por los jóvenes y entonces pueden desempeñarse con más soltura. Y los veteranos consiguen más flexibilidad, a medida que enfrentan más rivales en el torneo. Pero eso toma tiempo. No es tan rápido.
Quizá lo mejor, más allá de los resultados, es que el beisbol ha entusiasmado a todo el país. La asistencia de aficionados ha sido numerosa en la mayoría de los departamentos donde, además, las economías locales se ven dinamizadas. Pero los equipos tienen el compromiso de intentar agradar a sus seguidores y para ese propósito no hay nada mejor que el triunfo.
Vamos a ver, además, cuántos récords caen. Desde 1995 no tenemos un ganador de 20 juegos. Daniel Miranda lo hizo ese año con León. Y bateadores de 30 jonrones no se ven desde que Chico Miranda lo hizo en 1999 con el Norte. De modo que hay razones para entusiasmarse, pero queda tanto terreno por recorrerse, que el riesgo de precipitarse está a la vista. Lo mejor es esperar para tener una idea clara de los equipos.
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