Era de esperarse que “el comandante” Daniel Ortega Saavedra, con ínfulas de dictador se solidarizara con el cínico y sanguinario dictador libio Muamar Gadafi, quien ordenó el bombardeo de los manifestantes que exigen la caída de ese régimen que lleva 42 años bajo la bota de ese corrupto que maneja el país como parte de su indumentaria.
Ortega aseguró que ha mantenido comunicación con Gadafi y dijo que le expresó que pueda resolver la crisis que enfrenta, según el sitio oficialista El 19 Digital.
“He estado hablando con él (Gadafi), hemos estado hablando por teléfono. Lógicamente él está librando nuevamente una gran batalla, cuántas batallas ha tenido que librar Gadafi, y en estas circunstancias ellos están buscando cómo dialogar, pero defender la unidad de la nación, que no se vaya a desintegrar el país, que no vaya a darse una anarquía en el país”, dijo Ortega.
Qué cinismo y mentira más grande la de Ortega. Que el tirano de Libia está dialogando cuando en realidad está masacrando a su pueblo mediante el brutal bombardeo de sus cazas. Es el estilo de gente como Ortega, Muamar Gadafi, Hugo Chávez, Rafael Correa, Fidel Castro y Evo Morales: mentir, manipular y reprimir hasta la muerte.
En pequeño, Ortega ha hecho lo suyo en Nicaragua mandando a reprimir con la Policía orteguista a los manifestantes opositores a su régimen violador de muchos derechos de los nicaragüenses.
También, al igual que los dictadores árabes, ha mandado a sus turbas criminales a impedir el derecho a la oposición a manifestarse. Y la noche del lunes pasado en Niquinohomo, le recordó a la Policía y al Ejército orteguista sus orígenes guerrilleros y revolucionarios, es decir, que ante un eventual hecho similar como en el mundo árabe, a cualquier costo deben preservar el régimen corrupto de Ortega. Y eso es de esperarse con la Policía y el Ejército que están al servicio de la familia presidencial como en los tiempos del dictador Somoza.
Por eso es que hoy más que nunca los nicaragüenses deben estar conscientes de que Ortega es el símbolo del mal que abarca la mentira, la manipulación, la represión, la corrupción, el doble discurso, el rechazo a la ayuda internacional de países democráticos por sus ambiciones personales y el engaño al pueblo pobre con dádivas.
Pues el verdadero botín no lo tienen los pobres, sino Ortega, su familia y sus allegados. Sólo basta ver los emporios que ha formado con sus testaferros y las ganancias millonarias que amasan, pero nada de eso se ve reflejado en la educación, salud, agricultura, etc., pero sí se ve en el culto a su personalidad y en los proyectos electorales para hacer creer a la gente que él le conviene a la nación. Nada más alejado de la realidad.
Los nicaragüenses deben tumbar del poder a Ortega con su voto castigo en las elecciones de noviembre próximo. De seguir en el poder Ortega y su séquito, se estaría formando en Nicaragua un mal de varios años más. Los nicaragüenses están obligados a reencauzar al país por los senderos de la democracia y el desarrollo de la nación, evitando sumergirlo en una dictadura como la que pretenden el “comandante” Ortega, imitador de las dictaduras que están cayendo.
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