La guía del orteguismo, hasta ahora en el poder, es “la razón de Estado”. Para justificar los desmanes, el abuso de poder y la irresponsabilidad, que caracteriza este autoritarismo pinochetista, de esta nueva “monarquía” de los “revolucionarios” millonarios, la expresión “razón de estado” les encanta.
Conviene aclarar que la gran mayoría de funcionarios de este Gobierno son elementos valiosos pero pervertidos por la instrumentalización que de ellos hace la pareja que nos desgobierna. Hay funcionarios “de lujo” instrumentalizados y nulificados por la verborrea estéril e irresponsable del actual Presidente de la República, quien debería desde ya preparar sus maletas, pues ya se acabó su período presidencial y por decoro —si no fuera por “la razón de estado” o sea la corrupción y el enriquecimiento ilícito—, no insistiría en repetir la historia de los Somoza.
Todas estas locuritas que hacen en nombre de una tal revolución socialista, cristiana y solidaria, están inspiradas en Nicolás Maquiavelo quien ve la política como un juego de caracteres y personalidades; quien sostiene que el buen político y diplomático debe usar, si es necesario, la hipocresía como medio, que su única moral debe de ser la moral del éxito.
Sobre un fenómeno tan delicado como el de la religión la enfoca como un arma de dominación; “su príncipe debe de profesar la religión, aunque no crea en ella”, sostiene, “la debe usar para «sujetar» a su pueblo”. (Cualquier parecido con nuestra realidad es pura coincidencia). Afirma además que si el interés de la Patria exige traición o perjurio, hay que cometerlo, pues la grandeza de los crímenes borrará la vergüenza de haberlos cometido. Su personalidad debe poseer condiciones especiales para llegar al poder y mantenerse en él:
Capacidad de manipular situaciones, ayudándose de cuantos medios precise mientras consiga sus fines: lo que vale es el resultado. El gobernante debe poseer seria destreza, intuición y tesón, así como habilidad para sortear obstáculos, y “moverse según soplan los vientos”. Diestro en el engaño: No debe tener virtudes, sólo aparentarlas. Amoral, ser indiferente entre el bien y el mal poniéndose por encima de esas categorías propias de los seres terrenales.
Ahora entre “las razones de estado” de este gobierno vamos a enumerar unas cuantas: Como no importan los medios sólo los fines, la eliminación física del enemigo es uno de esos medios.
La ilegal ilegítima y desde ya inmoral pretensión de la reelección presidencial para dar inicio al ciclo maldito del nacimiento, consolidación, perpetuación y caída de una nueva dictadura familiar y dinástica ahora en nombre de una revolución, es otro.
Por “la razón de estado” siguen engañando, manipulando y explotando a este pueblo trabajador y humilde, mientras sobre sus espaldas construyen una nueva clase.
La consabida frase de Tomás Borge: “Todo puede pasar aquí, menos que el Frente Sandinista pierda el poder. Me es inconcebible la posibilidad del retorno de la derecha en este país. Yo le decía a Daniel Ortega: Hombré podemos pagar cualquier precio, digan lo que digan, lo único que no podemos es perder el poder. Digan lo que digan, hagamos lo que tenemos que hacer, el precio más elevado sería perder el poder. Habrá Frente Sandinista hoy, mañana y siempre” es la expresión más nítida y meridiana de cómo para estos sujetos todo se justifica en el objetivo de continuar la alegre fiesta de la nueva piñata que les facilitó el pacto con el otro caudillo.
¡Hagamos lo que tenemos que hacer! Además de acabar con la institucionalidad democrática, el estado de derecho y una que otra vida humana, todo por “la razón de estado”. ¿Qué tal?
El autor es diputado suplente al Parlacen
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