Los habitantes de la paradisíaca Isla de Ometepe, en el gran lago de Nicaragua, están claros que “la vida no la tienen comprada”, por eso saben bien qué harán cuando los sorprenda una erupción volcánica.
Aunque muchos lo saben por conocimientos transmitidos por sus antepasados, otros, sobre todo los más jóvenes, se enteraron gracias a un proyecto financiado por la Cooperación Suiza y ejecutado por CARE de Nicaragua.
El proyecto que consiste en construir un plan de evacuación general de la isla ante una posible erupción del volcán Concepción e instalar un Sistema de Alerta Temprana (SAT), está en sus etapa final.
Si funcionará o no, eso todavía no se pone a prueba, pero de momento los cooperantes están satisfechos con lo que se ha hecho.
El pasado jueves, dos funcionarios de dicha cooperación recorrieron la isla para comprobar in situ el trabajo que se hace.
En el recorrido, René Holenstein y Christine Tobler, de la División Multilateral de Ayuda Humanitaria para América Latina, recorrieron una de las cinco estaciones sísmicas y de gases que se han instalado en la isla como parte del proyecto.
Visitaron dos comunidades. En una de ellas, sus habitantes realizaron un simulacro de emergencia, pero no resultó como sus organizadores esperaban, sin embargo los lugareños tienen confianza en que funcionará a la hora de la emergencia.
“Es probable que funcione, pero supongo que cuando sea una emergencia de verdad será todo un alboroto. Ojalá que los muchachos de las brigadas hagan bien su trabajo”, expresó Carmen Cano, de 23 años.
HAY QUE PEDIRLE AL SEÑOR
Mientras que Ignacia Sánchez, de 65, considera que cuando las emergencias llegan, lo más recomendable es correr y encomendarse a Dios.
“Cuando escuche un estruendo fuerte voy a correr hasta el lugar más alto. Una vez me tocó hacerlo hace 31 años, ese día creí que moriría, le pedí al Señor que me protegiera y me cuidó”, indicó Sánchez.
DETENER FUGA DE BRIGADISTAS
Para los pobladores de Santa Teresa, la comunidad donde se desarrolló el simulacro, el resto es conservar a los jóvenes que han sido capacitados para enfrentar la emergencia.
Muchos de los que estaban en la brigada de rescate han abandonado el lugar. Unos se han ido a Costa Rica, donde migran muchos nicaragüenses, y otros se han casado y se han ido a vivir a la capital.
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