Por Erick Martínez
La catástrofe se cierne sobre Wasteland una mañana cualquiera, mientras Mickey duerme apaciblemente. No se especifica una fecha, ni una hora, tampoco un lugar. Sencillamente no importa. El ratón se despierta exaltado ante una extraña sensación interna que le empuja a dirigirse hacia el espejo que cuelga en el centro de su pequeña habitación. Escucha ruidos pero no sabe exactamente de dónde provienen, así que decide sumergirse en una puerta hacia lo desconocido.
Mientras tanto, la voz omnipresente de un narrador relata los sucesos que acaecen en la introducción del título.
Esta especie de evolución a la que se somete al héroe de la aventura abre, como decimos, una ventana a que sea el jugador el que determine cómo quiere vivir su experiencia, si bien no acaba de ser todo lo determinante que se podía intuir en un principio. La base de las fases de exploración no solo se centra en dibujar o borrar determinados aspectos del escenario, sino también en enfrentamientos capitales ante monstruos de gran calibre que se encargan de aportar variedad al contenido.
JUGABILIDAD
La piedra angular de la jugabilidad es el uso del pincel. Éste permite dos usos fácilmente comprensibles: de una mano, la tinta azul con la que dibujamos las partes del mundo que se borraban por culpa del propio Mickey ante el uso excesivo del disolvente y la otra, el disolvente con el que borramos elementos de la decoración.
Existen escenarios en los que es imprescindible lanzar un poco de tinta a una zona específica (un puente, por ejemplo) para acceder al siguiente sector, mientras que en otros es aconsejable probar suerte con el disolvente para descubrir zonas ocultas que esconden tesoros secundarios de gran interés.
Ver en la versión impresa las paginas: 2