Por Erick Martínez
El argumento está basado en las bananas de la isla de Donkey Kong. Una tribu de extraños personajes con poderes hipnóticos que domina a los animales que conviven con los monos Donkey y Diddy.
Con este indicio, el protagonista principal tiene que salir disparado de su casa ante una pequeña invasión e intercambio de golpes que ha sufrido con uno de los enemigos. Aparece Diddy Kong para acompañarlo y juntos comienzan la travesía a lo largo de los lugares de la isla. Acabar con los enemigos, deshacer su hipnosis sobre los animales y lo más importante de todo: recuperar las bananas que se están robando de manera indiscriminada.
A partir de este momento, nuestro único objetivo es el de superar las fases de las que se componen los ocho mundos de la isla infectada de la tribu. Escogeremos en el mapa el nivel que queremos disputar. Cuando lo superemos, se abrirán nuevos caminos hasta llegar al jefe de cada mundo.
JUGABILIDAD
Las posibilidades que tiene Donkey Kong para solventar con éxito todos los elementos que se encuentre en contra de su avance no son demasiadas, pero suficientes para que el jugador se adapte a los pocos minutos.
Además de correr y saltar, los simios también pueden coger barriles y lanzarlos, trepar por algunas hierbas y otros movimientos específicos, como soplar, hacer una embestida rodando durante un tramo del escenario o picar con fuerza al suelo para romper algunos elementos.
Muchos movimientos nos sirven para interactuar con los elementos del escenario. Soplando podemos hacer volar algunas flores que esconden dentro de sí bananas, objetos u otros elementos. Podemos afirmar que es un juego lleno de posibilidades y secretos en unos escenarios diseñados con inteligencia. Nada se deja al azar en Donkey Kong y todo tiene su razón de ser.
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