Estudiosos de las enfermedades psiquiátricas y los fenómenos psicológicos, dicen que la palabra megalomanía, que significa delirio de grandeza que padecen algunas personas que detentan el poder, no existía en la antigua Grecia, a pesar de que está formada por dos vocablos del idioma griego: mega, que significa grande (o más bien mégalos), y manía, que es una forma de locura.
Pero si bien los antiguos griegos no conocían la palabra megalomanía y para definir la grandeza usaban el vocablo méguezos, ellos sabían del exceso del poder y lo consideraban un grave defecto de la conducta humana, anteponiéndole por eso la moderación y la mesura.
A Solón (638-558 a.C.), poeta, político y legislador de Atenas —uno de los célebres Siete Sabios de Grecia— se le atribuye la emblemática frase “todo con mesura”, la cual, junto con la de “conócete a ti mismo” que estaba inscrita en el frente del templo de Apolo en Delfos, se constituyó en el eje de la antigua sabiduría griega.
Realmente, la lucha por el poder está presente desde el comienzo de los tiempos, según la cosmogonía griega, o sea el relato mitológico sobre los orígenes del mundo.
De acuerdo con lo que escribió Hesíodo en su Teogonía, en el principio sólo estaba el Caos, una masa sin forma ni definición. Del Caos surgieron Erebo (las tinieblas), Nix (la noche) y Gea (la tierra). De Gea nació Urano (el cielo). Este se unió con su madre y nacieron los titanes, entre los cuales estaban Cronos (el tiempo) y Rea, la madre de los dioses del Olimpo. Y a partir de entonces comenzó una feroz lucha por el poder, que no termina hasta ahora.
Para quitarle el poder a Urano, instigado por su madre, Cronos atacó a su padre con una hoz muy filosa. No lo mató, pero le cercenó los genitales y lo recluyó en una profunda prisión. Cronos prometió a sus hermanos que no tendría descendencia y que se rotaría con ellos el ejercicio del poder. Pero no cumplió sus promesas.
Cronos tuvo con su hermana Rea varios hijos: Poseidón, Hera, Hestia, Deméter, Hades y Zeus. Pero a fin de que sus hermanos no supieran que había incumplido su compromiso de no tener descendencia, Cronos mataba a cada hijo que Rea paría. Hasta que ésta decidió engañarlo, y cuando nació Zeus, en vez de entregarle el bebé para que lo devorara, le dio una piedra envuelta en pañales que Cronos engulló sin masticarla.
Apenas creció, Zeus emprendió la lucha contra su padre para liberar a sus hermanos (quienes estaban vivos en el vientre de Cronos) y desalojarlo del poder.
Después que Cronos fuera derrocado y el poder del universo distribuido entre sus hijos, los titanes emprendieron la guerra contra Zeus y los demás dioses del Olimpo, para desalojarlos del poder. Pero los titanes fueron derrotados y entonces hubo una larga época de paz y estabilidad en el cielo y en la tierra.
Después, los hombres, imitando lo que habían hecho sus dioses, se enfrascaron en terribles luchas por el poder. Como dice el diplomático y columnista costarricense Johnny Sáurez Sandi: “La fuerza que deriva del poder, en aquellos que no comprenden sus alcances, se convierte en un espejismo que los atrae y los ciega, los lleva por los caminos del egocentrismo e idolatría, les produce una sensación de eternidad, continuidad e indestructibilidad. Podemos afirmar que, si no se controla, se puede convertir en enfermizo, que puede generar adicción y lo peor es que no existe antídoto conocido”.
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