OPOSICIÓN
El mayor mérito que puede reconocérsele a Daniel Ortega es, a mi criterio, la oposición que diseñó. Impecable. Si yo tuviese la intención de convertir a Nicaragua en un feudo personal, donde las leyes sirvan sólo si me convienen, donde el dinero que reciba del extranjero pase a mis negocios personales, donde a los que critiquen se les cargue a garrotazos, y me reelijan por los 100 años que pienso voy a vivir, ésta sería la oposición que quisiera tener. Los hay de todo tipo, mercenarios, pragmáticos, ingenuos e infiltrados. Algunos hechos con paciencia de filigrana y otros que ya venían con defectos de fábrica, pero todos convencidos de que “si no puedes vencer a tu enemigo, únete a él”. Para su suerte, en esta oposición, escasean los patriotas.
CONVENIENTE
Ortega puede darse el lujo ahora de elegir diputados “opositores”. O sea, muchos de los que votarán contra él, en las próximas elecciones, en el fondo estarán votando por Ortega, gracias a este elaborado diseño de oposición donde él, y sólo él, asigna las casillas para que compitan y, sospechamos, decidirá qué cantidad de votos se le permitirá a cada quién. De tal forma que nuestros políticos “opositores” pelean entre sí para que Ortega los considere “oposición conveniente” y de esta forma los deje vivir, bajo la promesa de servirle tanto como se les necesite.
PRUEBA DE VERACIDAD
Veamos si digo mentiras. ¿Habría tenido la ALN dos miembros en la Junta Directiva de la Asamblea Nacional si no se hubiese comprometido a prestar los buenos servicios que le prestó al Frente Sandinista? ¿Podría tener el BUN los dos miembros que tendrá en las próximas elecciones del 11 de enero si no hubiese vendido su alma al diablo? ¿Estaría el doctor Arnoldo Alemán haciendo ese papel de demonio de Tasmania en la jaula opositora si no fuese por la promesa de que no dejarán levantar cabeza a una oposición genuina? ¿Tendría su casilla el Partido Conservador si no estuviera haciendo todo lo que hace a la medida de los intereses de Ortega?
EQUILIBRIO
El punto es que Nicaragua necesita una oposición de verdad no sólo para que le pueda ganar a Ortega. Está en juego algo más que el asunto electoral. No es el “quitate vos para ponerme yo”. Es la esencia misma de la democracia. El equilibrio. Sin oposición, quedan abiertas las puertas a la dictadura. Es el freno a las arbitrariedades. Así que cuando se dice que el país va rumbo a una dictadura, en el banquillo de los culpables no sólo debe estar Ortega, que la ha instigado, sino todos aquellos que la hemos permitido.
CARRETERA
Si usted sale de Managua hacia Pochomil, Maschapa o Montelimar, le tocará tomar una angosta y cratérica carretera que hará una tortura de su viaje. Turistas nacionales, buseros, comerciantes que transitan cada día por ella, con seguridad recuerdan que, a estas alturas, esa carretera debía ser de cuatro carriles, elaborada con concreto hidráulico, que garantizaba vida sin reparaciones por 20 años. ¿Por qué se marcha entre baches y filas de carros entonces? Porque en noviembre del 2008 hubo un fraude electoral. Porque con ese fraude electoral Nicaragua fue sacada de la Cuenta Reto del Milenio que tenía proyectada la construcción de esa carretera. Porque al salirse Nicaragua de ese programa, Daniel Ortega aseguró que no teníamos nada de qué preocuparnos, que para eso estaban los fondos Alba, de Venezuela. Porque Ortega no cumplió.
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