Reflexiones de año nuevo

Por Alejandro Serrano Caldera.- Al concluir el 2010 e iniciarse el 2011, se impone la reflexión sobre lo ocurrido y sobre las posibilidades que pueden visualizarse en el nuevo año. A nivel mundial se destacó la continuación, hasta el día de hoy, de la crisis del capitalismo financiero transnacional y la necesidad de cambios ante la fuerza de los hechos acontecidos.

El mundo enfrenta una crisis de carácter estructural, la que, por lo mismo, va mucho más allá de la simple coyuntura y exige una reflexión y revisión de fondo que permita superarla, superando también el sistema que es no solo el ámbito en el que ésta se ha producido, sino la causa que la ha originado.

La crisis que observamos hoy es la del sistema que se inició en los años 70 con la implantación del “monoteísmo de mercado”, como le ha llamado Roger Garaudy, mediante el cual se consolidó y desarrolló el capitalismo corporativo transnacional, se debilitó el Estado, se impuso la especulación como la expresión más visible de la libertad y se destruyó la ética, en aras, todo ello, de la libertad irrestricta del mercado. Este movimiento mundial que se produjo con la globalización de la economía, las finanzas, el derecho, la política, entre otras expresiones de la vida colectiva, tuvo en la privatización y desregulación de la economía sus acompañantes inevitables para lograr sus objetivos.

El fenómeno de la globalización y de lo que Franz Hinkelammert ha denominado “idolatría del mercado”, significó a la altura de los años 70 la ruptura del contrato social que se estableció como sistema mundial para enfrentar la crisis de la bolsa de valores y del capitalismo en general, en 1929, y que, siguiendo las ideas de John Maynard Keynes, consistió en la activa participación del Estado, a través del Derecho y las instituciones, en la formulación y aplicación de las políticas de empleo, en busca de lo que se denominó la ocupación plena, originando como estructura jurídica, política, financiera y económica, el Estado Social de Derecho y la Economía Social de Mercado.

El sistema del capitalismo transnacional especulativo, que sustituyó al modelo keynesiano, ha entrado en crisis, siendo ésta particularmente evidente desde el año 2007, en los temas inmobiliarios, hipotecarios, financieros y económicos en general, con sus consecuentes repercusiones políticas, sociales, jurídicas y culturales.

Desde fuera y desde dentro han surgido las críticas no solo en el campo teórico, sino en las consecuencias dramáticas y trágicas que se han producido en la realidad, exacerbando ante la transnacionalización un nacionalismo visceral; ante la globalización planetaria, un primitivo etnocentrismo cultural y religioso; y ante la idea y práctica de una mundialización impuesta por la fuerza, la reacción tribal amurallada e intransigente.

Frente a los hechos producidos por la “irracionalidad instrumental” del capitalismo corporativo transnacional, han surgido desde el interior del mismo ideas que poco a poco han ido ganando fuerza, como son aquellas de las políticas sociales, la flexibilización ante una visión economicista intransigente y radical, la revisión, aunque tímida, del concepto y función del mercado, la ética de la responsabilidad social corporativa y la idea de la cohesión social, para mencionar algunos de los ejes teóricos y prácticos que han entrado en acción ante la ceguera e insensibilidad del propio sistema.

Pienso que el gran desafío de la filosofía política, la filosofía del derecho, la ética y la política práctica, consiste en formular un pensamiento que sustente una acción orientada a superar la crisis que hoy padece la humanidad en este campo. Se trata de un pensamiento y una acción que deje de lado las posiciones extremistas y radicales que han surgido tanto de las medidas adoptadas para imponer el sistema como de la reacción frente a él, sacando a flote, como ya dijimos, los nacionalismos y tribalismos más primitivos.

Se trata de afianzar el Estado de Derecho, la institucionalidad, el respeto a la ley entendida como fruto de la legalidad y la legitimidad, la separación de poderes, el imperio de la Constitución Política, orientado todo ello a hacer posible la implementación y desarrollo de verdaderas políticas sociales dirigidas a la producción, empleo, educación, salud, participación, partiendo de la idea de que la economía tiene su sentido más profundo en la medida en que sus proyecciones y acciones se dirigen a la búsqueda de soluciones de los grandes problemas sociales, y que el Estado tiene su mayor responsabilidad, como impulsor y garante de estas políticas económicas y sociales necesariamente complementarias e indisolublemente unidas al respeto de la legalidad y el Estado de Derecho.

En pocas palabras, se trata de hacer realidad la coexistencia entre justicia y libertad, y su necesaria interacción, pues no es justo lo que a su vez no es libre, ni es libre aquello que es incapaz de realizar a plenitud la justicia.

Esta reflexión ante la crisis general de nuestro tiempo es particularmente válida para Nicaragua y América Latina, pues no es democracia ni socialismo del siglo XXI, ni verdadera alternativa ante la crisis del capitalismo financiero transnacional aquel planteamiento político que impulsa la creación de caudillos y de líderes insustituibles, la violación de la ley como norma de conducta, la transgresión de la Constitución como regla general, el sectarismo y las acciones de beneficencia como sustitutivo de las verdaderas políticas sociales.

Un nuevo año abre sus puertas a la esperanza incierta de los nicaragüenses. Como siempre ante todo comienzo, la exigencia de los nuevos desafíos, que con frecuencia son los viejos retos no realizados, hacen brotar las ilusiones y entusiasmos para acometer las tareas que se avecinan.

Todo nuevo año reaviva la esperanza en que el ser humano puede mejorar y tratar de ser feliz, en medio de los problemas que le angustian y acosan, y alienta la posibilidad de creer en la justicia en un mundo injusto y de restaurar la solidaridad en una sociedad egoísta.

Es necesario colmar el vacío de un tiempo desilusionado y hacer reverdecer la esperanza, a pesar de todos los presagios de este año electoral, pues no hay que olvidar que si no es posible cambiar el pasado, sí lo es construir el futuro.

Jurista, filósofo y escritor nicaragüense

Columna del día Opinión
×

El contenido de LA PRENSA es el resultado de mucho esfuerzo. Te invitamos a compartirlo y así contribuís a mantener vivo el periodismo independiente en Nicaragua.

Comparte nuestro enlace:

Si aún no sos suscriptor, te invitamos a suscribirte aquí