Costa Rica aprovechó las fiestas de Navidad para tratar de influir entre los migrantes nicaragüenses, mientras espera la resolución de la Corte Internacional de Justicia (CIJ) sobre una demanda por violación de la soberanía territorial, que interpuso contra Nicaragua en noviembre pasado.
La mañana del 24 de diciembre sorprendió a la nicaragüense Bella Rosa Rocha, en la frontera de Peñas Blancas, entre una multitud de migrantes que volvían a Nicaragua a pasar la Nochebuena con sus parientes.
Además del equipaje, llevaban regalos y una volante que las autoridades de Migración de Costa Ricas insertaban en sus pasaportes, en la que describen el reciente conflicto entre los dos países como “la invasión a Isla Calero por parte de tropas del Gobierno de Nicaragua”.
Las autoridades de Nicaragua han insistido en que sólo se encuentran dragando el río San Juan en el sector de Harbour Head, que es territorio de Nicaragua, conforme a los tratados internacionales.
Los familiares de Rocha dependen de las remesas que ella envía de Costa Rica desde 1995.
El inserto costarricense “explica” a los nicaragüenses migrantes que Costa Rica reconoce que el río San Juan es de Nicaragua y respeta la soberanía nicaragüense sobre las aguas del río.
Según la posición oficial del gobierno nicaragüense de Daniel Ortega, el fondo de la querella de Costa Rica es evitar que el río San Juan recupere el caudal que tenía cuando se delimitó la frontera en el Laudo Cleveland en 1888.
Bella Rosa Rocha, oriunda de Ometepe y quien gana el equivalente a 8 mil córdobas mensuales como doméstica en Heredia, Costa Rica, saca el inserto que pusieron en su pasaporte y lee: “Costa Rica le pide al Gobierno de Nicaragua que respete las tierras costarricenses, situadas en la margen derecha del río San Juan y como lo señalan los acuerdos de límites entre ambos países”.
- Una opción de los nicaragüenses para cruzar a Costa Rica es la ilegal. Un campesino, que se dedica a pasarlos al otro lado, dijo que por cabeza se puede cobrar 300 córdobas a quienes son residentes en Costa Rica y C$$1,200 si están ilegales completamente.
Para pasar por las fincas, los migrantes pagan diez córdobas por cabeza. “A los guardias ticos les pagamos diez dólares por cabeza, pero te lo suben hasta los buses que los llevan a San José. En estos días, hay más policías”, dice.
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TRANQUILIZAN, PERO…
El Gobierno costarricense asegura a los migrantes nicas que “pueden continuar viviendo y trabajando en paz en nuestro país”, porque éstos no han ocasionado el problema actual.
Costa Rica dice que quiere resolver el conflicto a través del diálogo, sin la presencia de policías y militares en la zona, tal como indica una resolución de la Organización de Estados Americanos (OEA) que Nicaragua rechazó.
Rocha cuenta que la situación del migrante es difícil. “Nos están perjudicando, porque nos dicen que nos van a sacar a todos. A mí me lo dijeron en una feria que hacen los sábados en Heredia. Tengo sobrinos que se expresan mal de nosotros. Ellos nacieron allá, no visitan aquí, y hasta ellos nos dicen que somos un montón de gente y se preguntan qué vienen a hacer aquí, quédense en su país; deberían de buscar a su país, nos dicen también los costarricenses”, relató.
“Creo que el Presidente debería llevar las cosas en paz con ella (la presidenta Laura Chinchilla). Debe ponerse a pensar que a todos nosotros no nos puede tener aquí, porque somos miles de nicaragüenses que estamos trabajando allá”, dice Rocha.
Rocha narra su historia cuando está a pocos metros del autobús amarillo que llevaría esa mañana a decenas de nicaragüenses hasta Managua. Salía un bus tras otro cada diez minutos, cargados de migrantes.
Son miles de personas y miles de córdobas para los comerciantes que venden comida y prestan distintos servicios a la salida de los puestos migratorios, en Peñas Blancas.
Pero Itani Careli Carbona Cruz, quien vende carne asada junto a la terminal, se queja de que esta vez hay menos nicaragüenses retornando y menos ganancias por tanto, y atribuye la baja al conflicto reciente con Costa Rica.
CIERRAN PUERTAS A LA PRENSA
Julio Rivas, dueño de otro comedor y quien vive desde hace años en la frontera, comparte la opinión, pero LA PRENSA no pudo confirmar si las estadísticas oficiales respaldan esa percepción, porque en la frontera las autoridades de Migración y Extranjería decidieron impedir el ingreso de los periodistas y se negaron a dar datos.
Oficiales de Migración nos comunicaron la decisión de su jefe, después de una breve consulta: “¿Periodistas? Se aceptan sólo si hay una autorización escrita desde Managua”.
Algunos migrantes respaldan a LA PRENSA lamentando la decisión de los funcionarios.
PROBLEMAS EN ENCUENTROS
En los últimos meses también se rompieron los encuentros dominicales de migrantes y sus familiares en un rancho ubicado en la frontera.
María Auxiliadora Cruz, esposa de Julio Rivas, el dueño del comedor, asegura que los costarricenses dejaron de permitir que los nicaragüenses que venían de aquel país pudieran entrar y ver a sus familiares, después de la epidemia de gripe A H1N1. Le tienen miedo a la concentración de gente, explicó.
“Veo las vicisitudes de la población. Vienen a hacer encuentro familiar. Allí la gente le traía su dinerito a sus parientes y después se regresaban. La visita se contemplaba de las ocho de la mañana a las dos de la tarde. Hay gente que viene con el pasaje completo porque vienen a la visita y aquí he sido testigo de todo esto que le cuento”, se queja Cruz.
Rivas se pregunta por qué el gobierno de Daniel Ortega no hace nada para ayudarle a esta gente, sugiriendo que mejoren las condiciones de vida de las zonas fronterizas.
GRAN CONTRIBUCIÓN
Según diversos estudios, los nicaragüenses aportan al menos el 70 por ciento de la mano de obra del sector agropecuario y de la construcción en Costa Rica, dos motores de la economía de ese país.
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