Nicaragua sigue perdiendo lo mejor de su fuerza laboral por falta de políticas para la población joven, en educación, salud y trabajo; mientras, los países vecinos aprovechan este recurso humano nicaragüense para mejorar sus economías.
Es una constante en las encuestas de M&R Consultores que la mayoría de los nicaragüenses que desean emigrar son jóvenes; y tiene lógica porque, cuando en una familia toman la decisión de quién se va del país a buscar trabajo, para garantizar la supervivencia del grupo, los elegidos son lo más fuertes y preparados.
El problema para Nicaragua es la pérdida de gente productiva y calificada, sobre todo cuando este país pasa por una oportunidad única, la del bono demográfico, como le llaman los expertos. Significa que la población en edades productivas aumenta y esta etapa, que es transitoria, puede ser aprovechada para resolver problemas sociales y reducir la pobreza.
Es el momento, por ejemplo, de invertir más en educación. Sin embargo, el Gobierno acaba de admitir que este año al menos 200 mil niños quedaron fuera de las aulas de clase. La matrícula escolar, que en 2008 fue de 1.5 millones, bajó en 2010 a 1.2 millones.
En otro ámbito, miles de jóvenes que están entrando a la etapa laboral son afectados por maniobras políticas que les impiden obtener con facilidad la cédula de identidad, tras cumplir los 16 años. Como este documento es exigido para cualquier trámite, incluso para conseguir empleo, hay jóvenes que llevan años visitando las oficinas del Consejo Supremo Electoral (CSE) para ver si algún día se lo dan, si es que antes no se van indocumentados al exterior.
Más del 47 por ciento de los nicaragüenses manifiesta la intención de emigrar, según la última encuesta de M&R, y aunque es un porcentaje menor al de diciembre de 2009 (52%), los jóvenes siguen siendo mayoría en ese grupo, casi 60 por ciento.
Si bien la migración significa oportunidades para las familias que sufren más la pobreza y el desempleo, el Estado nicaragüense tiene que buscar estrategias que le permitan al país producir más, aprovechando lo mejor de su capital humano, y depender menos de las remesas y la cooperación externa.
Este tema fue discutido en las negociaciones entre Centroamérica y la Unión Europea, previo a la firma del Acuerdo de Asociación en mayo pasado, y continuará en la mesa del diálogo político entre los dos bloques.
“El objetivo de la Unión Europea también seguirá siendo reducir los factores que provocan la emigración de poblaciones, debilitando el tejido social de los países de origen, ya que muchas veces son los individuos mejor preparados los que serían más útiles al desarrollo de sus países, que no tienen más remedio que buscar oportunidades lejos de su tierra”, explicó Kurt Cornelis, de la delegación de la UE en Nicaragua, en agosto de 2008.
Más del 67 por ciento de los nicaragüenses tienen familiares en el exterior, indica M&R, la mayoría en Estados Unidos y Costa Rica. Pero España, una puerta a Europa, cobra fuerza como segundo destino preferido (24%) por los migrantes nicaragüenses.
Aunque el problema ya no es a dónde quieren emigrar los jóvenes. El problema es que se van y Nicaragua pierde el bono, pierde otra oportunidad de mejorar.
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