Luis Sánchez Sancho

Orco

Me pide un amigo lector, con el ruego de no mencionar su nombre, que escriba sobre Orco, lo que hago con mucho gusto citando al respecto a eminentes escritores sobre mitología griega y romana.

El español José Antonio Pérez-Rioja, por ejemplo, dice que “en la mitología romana, el Orco (como el Hades griego) es el Infierno o reino de los muertos. También es el dios de los infiernos”. Y coincide con esta definición el francés Jean Francois Michel Noel, para quien Orco es el “sobrenombre de Plutón, entre los romanos”. Y agrega que se invocaba a Plutón bajo el nombre de Orco, “cuando se le tomaba por garante de la seguridad de los juramentos, o cuando se pedía venganza contra los perjuros”.

Es que para los antiguos griegos y romanos, el juramento tenía un valor sagrado y quien lo violaba, o sea que cometía perjurio, recibía el peor castigo posible de acuerdo con las leyes y costumbres de la época.

En los tiempos primitivos, cuando según la historia legendaria de la humanidad se vivía en la edad de oro, no existía el juramento porque no era necesario. La gente disfrutaba de plena igualdad, nadie tenía más que otro y, por lo tanto, en el alma de las personas no había lugar para la codicia, la maldad, la envidia, el arribismo, el pecado y el delito en fin.

El poeta e historiador griego Hesíodo, quien vivió en la segunda mitad del siglo VIII o la primera parte del VII antes de Cristo, y por lo tanto habría sido contemporáneo de Homero, explicó que el juramento surgió y se comenzó a practicar —hasta alcanzar un sentido esencial en la vida moral y religiosa de la gente— cuando los hombres comenzaron a engañarse unos a otros, cuando algunos se apoderaron de los bienes que pertenecían a todos, cuando por la ambición y codicia de posesión y de dominio unos individuos fueron capaces de hacer daño a otros.

Así fue que nació y se propagó la desconfianza, de manera que para que uno creyera en la palabra del otro, surgió o se creó el juramento, el cual se hacía en nombre de los dioses, lógicamente. Entonces, si para creer en la palabra del otro, para hacer negocios y transacciones confiables de cualquier clase, era necesario jurar por los dioses, la violación del juramento tenía que ser considerada como algo extremadamente indigno y merecía ser castigada de la manera más severa.

En aquellos tiempos, y de hecho hasta ahora, el peor castigo que se podía imaginar era y es la muerte. De manera que se entiende que los antiguos romanos le encomendaran al dios de los infiernos, Plutón, para ese efecto con el nombre de orco, la tarea de castigar a los perjuros. Y de allí que según Juan Humbert, el nombre de Orco, como sobrenombre de Plutón, se aplicara también “al mismo reino en que este dios ejerce su poderío: “‘Bajar al Orco’ vale tanto como decir que se desciende a la mansión de los muertos”.

Sin embargo, el mismo Humbert dice en su libro Mitología griega y romana que Orco era también otro nombre de Forcis, uno de los dioses del mar, hijo de Neptuno, quien “engendró algunos de los monstruos fabulosos y principalmente a las Gorgonas (Estenio, Euriale y Medusa)…”

Cabe mencionar que el nombre de Orco ha sido popularizado en la actualidad con la saga literaria y cinematográfica de El Señor de los Anillos, en la cual aparece como un monstruo humanoide agresivo y repugnante.

Columna del día Opinión
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