Explicación
“Para que el Consejo Supremo Electoral pueda acceder a esos recursos tiene que justificar hasta el último centavo de lo que significaría el pago de esa deuda”. El diputado sandinista Wálmaro Gutiérrez se refería al préstamo de 37 millones de córdobas que el Consejo Supremo Electoral tan alegremente mandó a que se lo pagaran, sin siquiera tener la cortesía de decir en qué había gastado ese dinero. Viendo a Wálmaro tan firme uno pensó: Ahora sí se fregó Roberto Rivas. A los pocos días llegó la explicación pedida. Roberto Rivas casi literalmente le contestó: “Lo gastamos porque sí, en lo que nos dio la gana, cuando quisimos”. Wálmaro: “Perfecto, me doy por satisfecho con tan rigurosa explicación”. Y nos sacaron los 37 millones del bolsillo.
Complaciente
Deudas van, deudas vienen. El Estado paga todas las facturas. Ni explicaciones pide. Una ramera caprichosa y cara. Desobligada, pero complaciente. “Hago lo que nadie se atreve a hacer”, dice la tarjeta de presentación que acompaña las facturas.
La buena vida
A veces me pongo a pensar en cómo será la vida de Roberto Rivas. Por un lado, es cierto que se da la gran vida. Tiene un ejército de empleados de guante blanco que lo atiende como rey, chefs franceses, perros de raza exquisitamente cuidados, viaja en aviones privados, tiene mansiones de tres millones de dólares Pero ¿vale la pena vivir así con tanta podredumbre que carga en su conciencia? Vive temeroso, rodeado de escoltas y guardas de seguridad, despreciado hasta por los mismos que lo usan y adulan, y con la certeza de que aún 50 años después de muerto en los libros de historia se hablará de él como el “mal ejemplo”. ¿Vale la pena?
WikiLeaks
Ahora que está de moda esto de WikiLeaks, doña Rosario Murillo debería darle asesoría a Hillary Clinton sobre cómo reaccionar cuando les sacan las mantillas al sol. ¿Se acuerdan de aquel correo salido de la dirección electrónica de la Primera Dama donde el entonces asesor presidencial Orlando Núñez (por cierto, ¿qué se hizo?) se despachaba hermoso contra la Iglesia católica de Nicaragua acusándola de estar entre las “más corruptas” del mundo, “alcohol, dinero y mujeres” de por medio? La respuesta de Murillo, si bien es cierto nadie se la creyó, por lo menos fue divertida y merece estar en una antología de disparates.
¡Hacker de lujo, pues!
Miren qué estilacho el de la Primera Dama: “Considero, ahora sí, entre las palometas elevadas por los de siempre, que cabe, desenmascarar (¿otra y otra vez?) a los artífices del escándalo (…). Jugar con fuego es propio de su quehacer. Irrumpir en una dirección electrónica es un delito. Y más aún usar origen y membrete, con el fin de crear ‘noticias’ de primera página, para vender y hostigar más. ¡Hackers de lujo, pues!”.
Incómoda verdad
El asunto es que IBW, la empresa informática que administraba la cuenta de la señora Murillo, no encontró ningún indicio de haber sido hackeada, Orlando Núñez desapareció del mapa, no se acusó a nadie por el delito de “irrumpir en una dirección electrónica” y hasta el día de hoy doña Rosario Murillo sigue utilizando la misma cuenta electrónica que supuestamente fue hackeada. ¿Qué le costaba aceptar el error o, al menos, quedarse callada?
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