A estas alturas en Nicaragua no necesitamos referirnos al síndrome de Estocolmo, como comúnmente se suele citar para ejemplificar un caso concreto que se parece a ese hecho en Europa.
Según Wikipedia (enciclopedia libre), el síndrome de Estocolmo es una reacción síquica en la cual la víctima de un secuestro, o persona retenida contra su propia voluntad, desarrolla una relación de complicidad con quien la ha secuestrado. En ocasiones, dichas personas secuestradas pueden acabar ayudando a sus captores a alcanzar sus fines o a evadir a la policía.
Debe su nombre a un hecho curioso sucedido en la ciudad de Estocolmo (Suecia). En 1973 se produjo un atraco en el banco Kreditbanken, de la mencionada ciudad sueca. Los delincuentes debieron mantener como rehenes a los ocupantes de la institución durante seis días. Cuatro personas —tres mujeres y un hombre— fueron tomadas como rehenes, pero una de las prisioneras se resistió al rescate y a testificar en contra de los captores. Otras versiones indican que esa mujer fue captada por un fotógrafo en el momento en que se besaba con uno de los delincuentes. Y se negó a colaborar en el proceso legal posterior.
En Nicaragua vemos que el gobernante Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN), comandado por el Presidente de la República, Daniel Ortega Saavedra, es el captor que tiene secuestrado el país que todos tratamos que sea mejor. Pero hay sectores parecidos a esa mujer que se besaba con uno de sus captores.
Dicho lo anterior, lo peor del asunto es que he escuchado nuevamente a personas allegadas a sectores empresariales decir que sería mejor que Daniel Ortega vuelva a “ganar” las elecciones en el 2011, porque así no se desestabiliza el país, no se vuelve a generar “barridas” en el Estado, el partido de la violencia (FSLN) no volvería a las calles a destruirlas e incendiar carros y edificios públicos ni crearía el caos que las turbas orteguistas están acostumbradas a hacer. Según estas personas con las que he conversado y que conocen de viva voz estos argumentos, estos sectores empresariales también alegan que mientras no les confisquen sus empresas y los dejen hacer sus negocios, todo va bien.
Bueno, pero el pueblo, que no es parte de ese sector empresarial y que sufre en carne propia la represión de este Gobierno que atenta contra los valores democráticas de una nación, no opina necesariamente lo mismo y ahora es cuando la gente se debe fijar en quién es quién en los momentos difíciles.
Otros sectores que parecen ser esa mujer conformista con sus captores son algunos partidos políticos de oposición oportunistas que sacan ventaja de este secuestro. La ALN se ha “besado” hasta la saciedad con el FSLN de Ortega, pero últimamente el PLC, que ha visto amenazada su privilegiada posición de años con su socio preferido, ha vuelto por sus intereses y ya vemos cómo está copando los espacios de poder en el Estado de facto. Estos grupos parecen estar facilitándole a su captor alcanzar sus fines y evadir a la justicia. Por eso urge una sólida oposición y dejar a un lado las mezquindades caudillezcas para que triunfe la democracia sobre el mal. Con apoyo de instituciones sólidas como la Iglesia católica, el bienestar de los nicaragüenses puede ser una realidad el próximo año.
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