Ante el marasmo en el cual vivimos actualmente, es necesario recordar el manejo exitoso del ayer que quisiéramos se reviviera para mejorar el presente.
“Trabajo y honradez” fue una consigna del Banco Nacional de Nicaragua (BNN) desde el 3 de enero de 1912, fecha en que fue creado. Al correr de los años el BNN se robustecía especialmente con los funcionarios que lo administraban, como el doctor Vicente Vita (originario de Matagalpa) quien expresó: “Sembremos córdobas para cosechar dólares”. Trabajar en el BNN era un prestigio y el que era admitido había sido escudriñado y debía tener una conducta intachable, en la descollaban su honestidad y la devoción al trabajo. Recuerdo con gran afecto a funcionarios cuya vida ejemplar tanto dentro como fuera de la institución garantizaban un funcionamiento tildado de excelente, como: Alfredo Cole, que de office boy en Bluefields escaló muchas posiciones llegando a ser Gerente General; Alejando Burgos, Agustín Vijil; doctor Silvio Baltodano; doctor José Ernesto Somarriba; licenciado Alfredo Alaniz Orozco; Carlos López Solíz, etc., y una pléyade de hombres y mujeres que enaltecieron al BNN como la institución poderosa que financiaba desde una manzana de frijoles al campesino, como a los grandes algodoneros y ganaderos y años atrás había financiado el Ferrocarril del Pacífico.
El BNN le exigía a sus empleados y funcionarios a no meterse en política partidaria y a desempeñarse con honradez y disciplina. El BNN fue fundado como el National Bank of Nicaragua Incorporated, y los primeros directivos eran banqueros norteamericanos exigentes en todo el proceder y quizá eso tuvo influencia en el buen manejo del ya nacionalizado Banco Nacional de Nicaragua. En el Departamento de Crédito Rural, creado en 1960, cuyo primer jefe fue el doctor Rodolfo Mejía Ubilla, se instituyó una mística muy especial a favor del pequeño productor, cuyo inicio fue en Ticuantepe con una Agencia de Crédito Rural y que luego se establecieron agencias en más de ochenta municipios como Nindirí, Somotillo, Yalí, Matiguás, Camoapa, San Carlos, etc., cuyo jefe era un ingeniero agrónomo con dos o tres agrónomos, los que habían sido debidamente capacitados en seminarios de dos semanas en el manejo del crédito, buenas relaciones humanas con los campesinos, organización de cooperativas, métodos de supervisión y recuperación, sin descuidar la aplicación de la asistencia técnica.
Se podía financiar desde una manzana propia o alquilada, a pequeños y medianos productores cuya catalogación estaba reglamentada y para la garantía además de la prenda agraria se le pedía la firma solidaria de su esposa aunque no tuviera bienes raíces. Éste sí era un verdadero Banco de Desarrollo y no como el que después de 1979 le cambiaron el nombre, y que desarrolló únicamente a los allegados al Frente Sandinista y que con fines populistas empezó a dar créditos sin análisis ni control, llegando a cancelar el departamento de Crédito Rural en marzo de 1988.
El BNN inculcaba a los agrónomos y oficinistas de las 89 agencias, que debían analizar cuidadosamente a los solicitantes de crédito que tuvieran dos factores: trabajo y honradez. Se le decía con énfasis que el crédito no lo debían politizar y que les otorgara a aquéllas que tuvieran estos dos factores, porque se consideraba que era la mejor garantía, y efectivamente por medio del crédito oportuno, una cuidadosa asistencia técnica, un control de la prenda agraria, se recuperaba el 97 por ciento del crédito. Estoy seguro de que no podrá existir un banco como éste que he describito.
El autor es experto en cooperativismo
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