Por David Rodríguez
Algunos nacen para ser grandes deportistas, otros para ser altos ejecutivos y algunos para servir en cuerpo y alma a Jesucristo. Éste es el caso de tres jóvenes que viven en la Casa de los Hermanos Apóstoles de la Palabra, ubicada en Ticuantepe, donde dedican parte de su juventud a estudiar y conocer a profundidad la vida y obra de nuestro Señor Jesucristo, para ser misioneros de la palabra.
El equipo de Aquí Entre Nos tuvo el agrado de entrevistar a estos chavalos para entender mejor cómo piensan y de qué manera viven ellos esta gran experiencia.
Conocimos al hermano Alejandro Rivera Bustamante, un joven de 18 años, quien nos explicaba que este movimiento fue fundado el 2 de octubre de 1978, por el padre italiano Flaviano Amatulli V.
Este chavalo proveniente de Somotillo, Chinandega, dice que conoció el movimiento en su comunidad y desde entonces ha experimentado un cambio en su vida.
Cuando ingresas debés comprometerte a vivir cuatro meses de formación y un año de promesa, el cual dedican a las misiones, generalmente en las zonas rurales.

Rivera explicó que en los meses de formación ellos deben de seguir cierto reglamento, “tenemos que levantarnos temprano y estudiar más a fondo la historia, la filosofía, teología, entre otras materias fundamentales para predicar la palabra”, comenta.
Durante el año de promesa, igualmente deben cumplir con estatutos que rige la Iglesia Católica. Así como, ser soltero, no pueden visitar a las familias y sólo se permiten hacer llamadas una vez por mes. Además, no se utilizan celulares y la castidad es algo muy importante dentro de esta comunidad, ya que mediante ella descubren su verdadera vocación.
De igual manera, platicamos con el hermano Oscar Castillo Benavídez, quien comentó que en más de alguna ocasión la gente de la ciudad no le ha prestado tanta importancia a su prédica, como las personas que viven en las comunidades. “Algunos les ponen importancia, otros no. Cuando hablas con fundamentos la gente se motiva”, explica Castillo.
Este joven de 20 años, originario de El Almendro, Río San Juan, nos cuenta que su familia lo apoya mucho y que la relación con la Biblia lo ha hecho darse cuenta de muchas cosas. “He meditado y me ha cambiado los malos hábitos”, dice.

Los Misioneros de los Hermanos Apóstoles de la Palabra son chavalos muy dedicados y con gran fuerza de voluntad, ya que viajan hasta zonas rurales para integrarse a las comunidades, mediante la Iglesia. Sus integrantes deben de tener entre 16 y 30 años de edad.
Generalmente ellos tienen coordinadores que se comunican con los obispos para buscar familias que puedan adoptarlos en sus casas durante esta etapa que viven como servidores.
El siguiente paso
Los jóvenes conversaron acerca del siguiente paso que quieren dar en sus vidas al concluir con los meses de formación y el año de promesa.
Damián Alvarado García, de 21 años, es de Río Blanco, Matagalpa, y lleva tres años en el movimiento. Relata que tiene nuevos objetivos en su vida y para él ha sido un gran logro el crecimiento en la misión. Además, tiene un año de ser aspirante, pues cree haber encontrado la vocación de ser sacerdote.
Al igual que Alvarado, Oscar Castillo se encuentra en un momento crucial en su vida, “me pongo en la mano de Dios para que Él me ilumine y me ayude a tomar el camino indicado”, opina Castillo, con respecto al matrimonio.
Aunque también comparte la idea de poder tener una familia y dedicar tiempo siempre a la misión.
Las mujeres también forman parte de la Casa de los Hermanos Apóstoles de la Palabra, sin embargo, ellas habitan en otro hogar, ya que no es permitido tener una relación cercana entre ellas y ellos.
Estos chavalos transmiten su fe mediante el amor al prójimo y nos convencimos de que en este mundo “no existe misión sin misioneros”.
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