Auxiliadora Rosales
Quien ve a doña Ligia Estela Vega Pineda tan esplendorosa y llena de vida a sus 60 años, no se imagina que hace cinco años batallaba con todas sus fuerzas, con fe en Dios y con mucho optimismo contra el cáncer de senos.
La noticia de su enfermedad derrumbó a su esposo, el doctor Luis Pastor González y a sus hijos, pero a ella no le logró sacar ni una sola lágrima, todo lo contrario, se armó de confianza en Dios y empezó rápidamente con las recomendaciones de su médico. “Yo hable con Dios y le dije me pongo en tus manos y me entregué a él”, expresa.
Su caso es especial porque amigos y familiares, que se encontraban consternados con la noticia, la llegaban a ver y salían de su casa fortalecidos. “Es increíble cómo primeramente mi confianza en Dios y después en mi médico me dieron tantas fuerzas para enfrentar el problema al grado que mi recuperación fue muy rápida. Yo nunca hice duelo por la pérdida de mi seno, nunca estuve triste, al contrario, estaba alegre porque sabía que tendría más vida para ver a mis nietos. A mi familia les dije que si me querían ayudar que no quería ver caras tristes. Yo preferí la vida que estar con miedos y penas y decidí luchar”.
“Quiero compartir mi testimonio con otras mujeres, que sepan que en Dios encontré una fortaleza y una calma que nadie comprendía. Pero que también se deben de hacer sus chequeos rutinarios, porque la detección temprana del cáncer de mamas nos da más posibilidades de vida”.
Agrega: “En la vida uno está expuesto a pasar tantas dificultades, pero todas se pueden pasar de la mano del Señor. Por eso les quiero transmitir una palabra de aliento a todas aquellas mujeres que se sienten sin fuerzas y golpeadas por el cáncer de seno. Les quiero decir que no son palabras vacías las mías, sino que he sentido en carne propia lo que es esa lucha, les quiero decir que le pidan a Dios fortaleza”.
“Mi testimonio siempre lo comparto con todas las mujeres donde voy. Nunca he callado mi enfermedad, más bien para mí es como un desahogo contar que me detecté a tiempo y que sólo de esa manera se puede ganar esa batalla”.
Lo positivo
La actitud de vida de Ligia Estela Vega fue determinante para curar su enfermedad y para animar a su familia en la lucha del cáncer de senos. “Doy gracias a Dios porque siempre he tenido una familia unida, pero esta enfermedad me hizo recapacitar mucho en el sentido de lo material. La gente mucho se preocupa por las cosas materiales, si tienen esto o lo otro, pero para mí lo más importante es lo espiritual, la armonía, la tranquilidad, poder manifestarle el amor a mis hijos, esposos y nietos”.
Las armas que Ligia Estela Vega ha usado en la lucha contra el cáncer de seno es una alimentación sana, libre de grasas, azúcares y carne roja. Además de una rutina diaria de ejercicios. “Yo hago ejercicios, voy al gimnasio y camino”.
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