Querida Nicaragua: Hay muchas personas que creen que tenemos un paisito muy difícil de manejar. Este país, me dijo alguien, es como uno de esos caballos chúcaros a los que hay que domar, pero todavía no ha salido el campista que lo dome, usando una expresión muy propia de los campistas chontaleños.
Yo no creo que Nicaragua sea un país difícil. Es simplemente un país que no ha recibido la educación adecuada, un país mal educado, sin cultura cívica, donde no hemos aprendido a comportarnos como hermanos, como seres humanos que debemos compartir nuestras riquezas y vivir en paz. Hemos vivido en continuas riñas como niños malcriados, pero tenemos suficiente historia para ver los errores del pasado, no volverlos a cometer y llegar a entendernos en algún momento.
Ya hemos sufrido bastante y es precisamente después de que los pueblos sufren, cuando surgen las soluciones.
Países pobres como fue Taiwán surgieron de la nada, a base de orden y trabajo. Surgieron educando a su pueblo en las virtudes del orden, la puntualidad, la disciplina y el trabajo permanente.
Nicaragua tiene muchos valores, tiene gente valiosa amante del trabajo. El nicaragüense en el extranjero tiene fama de ser un buen trabajador. Hemos proveído siempre mano de obra a los países vecinos como El Salvador y Costa Rica en sus cosechas de café y el trabajador nicaragüense es de los preferidos en esos países.
Si aquí un gobierno se preocupara por crear fuentes de trabajo, promoviendo la inversión nacional y extranjera, si fomentara la instalación de zonas francas en lugar de cerrarlas como hasta ahora, si facilitara la apertura de microfinancieras en todo el país para que los pequeños y medianos productores de la industria, el comercio y el agro pudieran obtener préstamos, si no pregonara oficialmente la cultura del no pago que tanto daño ha hecho, Nicaragua prosperaría ampliamente.
Pero aquí parecen haber ciudadanos de primera y de segunda clase. Los de primera son los miembros de los Consejos del Poder Ciudadano, para ellos hay cédulas expeditas, trabajo permanente para promover el voto orteguista, utilización de los recursos del Estado, etc.
Éste no es un país difícil. Lo hacen difícil aquéllos que mal gobiernan. Éste es un pueblo generoso, amante del trabajo y que, como todo pueblo, necesita trabajar para ganar el sustento de la familia. Este pueblo necesita un gobierno que no lo discrimine porque es de otro partido, un gobierno que gobierne para toda la nación y no sólo para un partido.
Es tan fácil entender esto. Pero si se tienen fanatismos políticos de izquierdas radicales, si se quiere ser como son otros gobiernos fracasados en el mundo, si se mantiene la idea de que esto es una revolución triunfante aunque la gente no tenga que comer o coma con dos dólares diarios, entonces lo que tenemos es un gobierno difícil, pero no un pueblo difícil.
Un gobierno difícil que ha convertido las universidades públicas en cuarteles del orteguismo y han dado paso a la creación de montones de universidades privadas donde el estudiante tiene que ir a pagar algunas veces sumas exorbitantes. Y claro. Así Nicaragua es un país difícil para el estudiante pobre que quiere coronar con éxito una carrera. Es un país difícil para el obrero que busca desesperadamente un trabajo que no encuentra y que tiene que buscar en Costa Rica. Pero no es difícil nuestro país. Lo hacen difícil los malos gobiernos.
El autor es director de Radio Corporación
Ver en la versión impresa las páginas: 11 A